lunes, 1 de abril de 2024

Mapeando Palestina e Israel y el sistema mundial

Martin Martinelli |  Dic, 2023 |

“No se trata solamente de la localización de Israel y de Palestina, la ecuación que hay que resolver es más amplia”

“No es casual que dos zonas incluidas en la red de rutas de conexión de Eurasia y África estén pasando por situaciones convulsas: Ucrania y Medio Oriente”

“El contexto en el que se crea el Estado de Israel coincide con la descolonización total de las otras regiones”

“Israel se creó en 1948, pero no se trata de una metrópoli con su colonia al estilo Francia- Argelia sino que se mudaron a ese territorio donde fundó este Estado que, además, carga con la responsabilidad de ser la punta de lanza del Occidente que posibilitó su existencia”

“Es la zona más intervenida militarmente en el último siglo y medio no sólo por los territorios y sus recursos en sí mismos sino también para contrarrestar la expansión de otras potencias”

La intención es divulgar a través de imágenes y mapas una serie de investigaciones. Estamos frente a una Nueva Guerra Fría, híbrida, cognitiva, de información, en la que el arma por excelencia es la censura y la prohibición de medios de comunicación alternativos o procedentes de países que no se ajustan al discurso occidental. Por eso, nuestro rol académico en la faceta de divulgación, porque estamos difundiendo resultados de un estudio científico, es esencial.

En el presente desarrollo temático el sentido de la geopolítica encarna una perspectiva desde las ciencias sociales. Para este tema particular, tengo en cuenta los pasos geoestratégicos principales (ver Mapa 1) que buscan dominar las potencias, entendiendo a éstas como el lugar que Inglaterra dejó a Estados Unidos, y son: el Canal de Suez, los estrechos de Bab al-Mandeb, Hormuz, Malaca, Gibraltar y los estrechos turcos de Dardánelos y el Bósforo. A los que debemos añadir el Canal de Panamá o el Cabo de Buena Esperanza como secundarios entre otros.

Mapa 1: Pasos geoestratégicos.

Todo está concentrado en Eurasia. Central en el mundo porque allí se desarrollan distintas situaciones que mueven las agujas de las coordenadas del poder mundial. La cuestión palestina es un claro ejemplo de ello y no hay que perder de vista que los medios de comunicación toman un posicionamiento y tienen una lógica que no ayudan a la comprensión, más bien al contrario. En contraste, nosotros debemos hacer el esfuerzo por interpretar, explicar y así aportar para una paz duradera en una región donde las superpotencias tienen una incidencia muy fuerte en lo que sucede y tratan de controlarla.

Un paso crucial para la comprensión, previo a esta situación y a lo que sucede en Ucrania, tiene que ver con lo que está en juego. Si tenemos en cuenta las reservas petroleras (Mapa 2) vemos cuáles son las máximas reservas y exportadores de petróleo que son los mismos que fundaron la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP+), desde la crisis de 1973, todas las cuestiones económicas, políticas y geopolíticas desde finales el siglo XX y lo que llevamos del siglo XXI.

Mapa 2: Principales reservas de petróleo.

Si observamos las reservas de Irán, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí entendemos mejor su ingreso al BRICS+ desde 2024, junto con Egipto (país árabe más poblado) y Etiopía que controlan el Canal de Suez y el Estrecho de Bab-al-Mandeb en el Cuerno de África. Donde también Argentina estaría involucrada al igual que Venezuela que tiene la máxima concentración de petróleo comprobada del mundo, cuyo principal comprador es China (principal consumidor mundial), pero que también ha vuelto a venderle a Estados Unidos.

Esta es la situación que está detrás de esta nueva escalada de violencia más reciente. Vemos una puja entre las potencias que muestra los entretejidos, como la reconciliación entre Arabia Saudita e Irán y además que aquellos estrechos mencionados más arriba, históricos escenarios de disputa, ahora están dentro de la órbita del BRICS+ (Mapa 3). No se trata solamente de la localización de Israel y de Palestina, la ecuación que hay que resolver es más amplia.

En el mapa de la expansión de los BRICS+, debemos poner de relieve a Yibuti que es donde se encuentra la única base militar que tiene China en el exterior, en contraste con las 750 que tiene Estados Unidos. Pero también toma cuerpo una explicación al debate que nuevamente se impuso en nuestro país sobre la dolarización, justo en el momento en que Argentina fue invitada a sumarse al mencionado grupo en un mundo que está girando hacia la desdolarización.

Mapa 3:

Si bien ningún tema puede estudiarse sin insertarlo en un estudio regional e internacional, el de Israel y Palestina mucho menos.  Para el caso considero imprescindible tener en cuenta lo que Brzezinski llama “zona global de infiltración de la violencia” (Mapa 4) y muestra, en 1997, dónde va a generarse la violencia que después se materializa en el proyecto El nuevo siglo estadounidense.

Mapa 4:

Otro punto del conflicto actual tiene que ver con la construcción de infraestructura (Mapa 5) para conectar todas las regiones de Eurasia y éstas, a su vez, con África. No es casual, en este sentido, que dos zonas incluidas en esta red de rutas estén pasando por situaciones convulsas: Ucrania y Medio Oriente.

 Mapa 5: Rutas de la Seda.

Así se observa mejor la puja mundial entre el G7 y el BRICS+ (Mapa 8) que se pone en evidencia si entendemos el rol que cada miembro cumple dentro de sus correspondientes regiones. Sin embargo, hay cuestiones que también son importantes como el hecho de que países que fueron colonizados hasta hace poco tiempo por las actuales potencias del G7 (Mapa 7), ha invertido esa situación a través del BRICS+ que, vale aclarar, no es una organización militar ni económica sino un foro de intercambio donde se plantean las políticas de un mundo que ya está cambiando. Leer más aquí: “La geopolítica euroasiática frente al imperialismo. China EEUU Medio Oriente s. XXI”

Mapa 6: Corredor posible diagramado entre India-Medio Oriente-Europa

Detrás de esta belicosidad actual subyace la Ruta de la Seda y este plan, como explica la publicación india Drishti The Vision, lo resumimos aquí y anexamos mapas.[1] Los firmantes son: India, Estados Unidos, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, la Unión Europea, Italia, Francia y Alemania. Los puertos a conectar son: en  India, Mundra (Gujarat), Kandla (Gujarat) y Jawaharlal Nehru Port Trust (Navi Mumbai); en Medio Oriente, Fujairah, Jebel Ali y Abu Dhabi en los Emiratos Árabes Unidos, y Dammam y Ras Al Khair en Arabia Saudita. La línea ferroviaria conectará el puerto de Fujairah (EAU) con el puerto de Haifa (Israel) a través de Arabia Saudita (Ghuwaifat y Haradh) y Jordania. En Israel se contará con el puerto de Haifa, mientras que en Europa serán los del Pireo, en Grecia, Messina en Italia y Marsella en Francia. El objetivo es constituir una red de transporte integral, con ferrovías, ruta terrestres y marítimas, que conecte India, Oriente Medio y Europa para competir con China, volcando a India como contrapeso geopolítico y geoeconómico.

Esta iniciativa constituye el contexto en el que se produjeron los hechos de violencia del 7 de octubre de 2023 y los sucesos terribles de una segunda Nakba que vemos por todos los medios de muerte y destrucción. La frase de Memoria de Siglos, del grupo Hermética lo resume: “al asesinato en masa, los hombres lo llaman guerra”.

Badrakhumar, apoyado en infogragías y mapas explica, los intereses detrás de lo que hoy ya son dos meses de bombardeos israelíes sobre los palestinos, con cifras estrepitosas que superan la expulsión de palestinos de 1948 y más que duplican el poder de fuego del mayor atentado terrorista de la historia, las bombas nucleares que el US Force arrojó sobre Hiroshima y Nagasaki y abrieron la era actual, que está en cuestionamiento (Martinelli, La madre de todas las batallas, Palestina e Israel. Revista Cuadernos de Marte, 2023).

Mapa 7: Potencias coloniales- reparto territorial.

Mapa 8: Expansión del BRICS+.

En el área de la cuestión Palestina e Israel, gran cantidad de información nos indica que el plan de colonizar una región y generar un estado judío no era nuevo, de hecho, en 1896 se pensó en zonas de África como Madagascar o Uganda, o incluso en Argentina. Sin embargo, el belicismo actual responde a una realidad que nació de la división de la zona entre Gran Bretaña y Francia (Mapa 8) a través del acuerdo Sykes- Picot en 1916 que podemos presumir como la raíz del problema debido a que, al año siguiente, con la Declaración de Balfour 1917, se hace una promesa de tierra a los judíos que vivían en Europa.

Mapa 9: División de Palestina y del Levante Mediterráneo, el Mashriq.

Desde 1948 empieza una guerra, en realidad, es un proyecto de limpieza étnica (leer más aquí: la última década) a partir del cual los palestinos comienzan a sufrir una división progresiva de su territorio (Mapa 10). Esta ocupación y fragmentación fue impulsada por la ONU como solución a la cuestión judía en Europa. Esto muestra la falsedad del mito “una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra” porque los judíos sin tierra van a un lugar habitado por árabes palestinos, como ellos se definen.

Mapa 10: Ocupación progresiva del espacio palestino en el tiempo

En los mapas, observamos las consecuencias de la Nakba (la catástrofe en árabe que los israelíes pretenden imponer como la “independencia de Israel”) y también la localización de los campamentos de refugiados palestinos que van a Cisjordania, a Gaza o al Líbano. Este es el problema de refugiados más largo de la historia contemporánea.

El análisis de lo que sucede en Palestina debe ser leído en términos de colonización, colonialismo de ocupación en específico y de imperialismo. Por eso su movimiento de liberación nacional es antiimperialista y anticolonialista («Entre el nacionalismo anticolonial y diaspórico. Los casos palestino y kurdo»). En este sentido, conviene retrotraerse hasta el proceso de descolonización (Mapa 11) de África y del Medio Oriente ampliado o mundo árabe para ver que el contexto en el que se implantó el Estado de Israel, que justamente y no es azar, coincidió con la descolonización total de las otras regiones.

Mapa 11: Descolonización de Asia y África.

La cuestión territorial y la cuestión histórica están íntimamente relacionadas e influyen de manera denodada sobre lo que ocurre en la zona. Pero también influye la forma en que se relata eso que ocurre (Mapa 11) y por eso hay que estar atentos a la terminología que se utiliza, a veces adrede, como por ejemplo la palabra “terrorista” (leer más aquí: Martinelli, M. “Orientalismo, Cultura e imperialismo y La cuestión palestina”). Este tipo de lenguaje no ayuda a la comprensión del tema porque las definiciones de esos términos son fluctuantes y depende de quién lo diga.

Mapa 12: Reconfiguración de Medio Oriente.

Leer más aquí: Martinelli, Martín A. (2020) «La reconfiguración simbólica y material del Medio Oriente, en las recientes tres décadas».

La necesidad de imponer un sentido común para el uso de terminologías encuentra su inicio en 1997 en el libro el Gran Tablero mundial de Zbigbnieb Bzrzesinsky y su plan de mantener el dominio, la hegemonía y el imperialismo estadounidense luego de la implosión de la Unión Soviética y con la asiatización de la economía mundial en ese momento representada en Japón y asomando en China. Entre 2006 y 2013 cuando Peters, un general norteamericano, tuvo la pretensión de reorganizar Medio Oriente para reconvertir a la región, sin preguntar a sus habitantes si estaban de acuerdo, y posicionarse en lugares de recursos estratégicos sin descuidar las ubicaciones necesarias para llevar a cabo una política de asfixia a Irán, el gran enemigo.

Esta política de cerco, de acaparamiento y ocupación también la vemos repetirse en el caso palestino (Mapa 13) donde se desarrolla un cercamiento de Cisjordania que contiene en su seno un muro y está rodeada de campamentos israelíes. Los palestinos están cercenados en un montón de derechos humanos básicos. No estamos hablando solo de una cuestión nacional o de autodeterminación sino de una cuestión de humanidad y de antiimperialismo.

Mapa 13: Separación y asentamientos israelíes.

Podría existir un estado con diversidad de identidades como Bélgica, pero en el caso palestino, hay un estado que se declaró como judío en 2018 y expulsa a aquellos que no se ajustan a este criterio confesional de la ciudadanía. Esta imposición a la que Israel dice tener derecho es mucho más lacerante si tenemos en cuenta que hay casi una paridad cuantitativa entre ambos pueblos en el territorio en disputa: 7.6 millones de palestinos y 7.1 millones de israelíes. Ninguno de estos datos se muestra habitualmente en los medios de comunicación (seguir leyendo: Martinelli, M. «La construcción de la identidad nacional palestina»).

Este territorio es llamado por los israelíes como Judea y Samaria apoyados en la Torá, libro sagrado que los palestinos no admiten en su religión. Sin embargo, no es una creencia solamente religiosa porque hay una acción que viene siendo justificada que es la política tripartita que se basa en la expulsión de los palestinos de Jerusalén, posicionarse en Jordania para intentar controlar a las autoridades palestinas y Cisjordania como núcleo para depositar la violencia de los ciudadanos israelíes que encuentran allí un campo abierto para la masacre de palestinos.

En Gaza es diferente porque no hay israelíes por eso es que lo que estamos viendo hoy es una atrocidad. Se trata de dos poblaciones que convivían (Mapa 13) hasta que se hizo presente el impulso de alcanzar otro Estado. Con la particularidad de que Israel se creó en 1948, pero no se trata de una metrópoli con su colonia al estilo Francia- Argelia sino que se mudaron a ese territorio donde fundó este Estado que, además, carga con la responsabilidad de ser la punta de lanza del Occidente que posibilitó su existencia (leer más: Martinelli, M. “Los conceptos de raza y nación en perspectiva histórica. Sus influencias en el surgimiento del nacionalismo israelí”)

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Mapa 14: Implantación y expansión de Israel en territorio palestino.

La región se ha visto envuelta en guerras durante todo el siglo y en los últimos 20 años se han disparado los números de muertos y refugiados, pero también crecieron las inversiones de Estados Unidos y la OTAN que llega a los 8 trillones de dólares y que se combina con el comercio armamentístico y petrolero. Es la zona más intervenida militarmente en el último siglo y medio no sólo por los territorios y sus recursos en sí mismos sino también para contrarrestar la expansión de otras potencias.

El caso palestino- israelí forma parte de este conglomerado de violencias por lo que es más evidente el intento de confundir cuáles son las circunstancias que se atraviesan. Se omiten la innumerable cantidad de resoluciones de la ONU que fueron vetadas por Estados Unidos, la IV Convención de Ginebra, El Estatuto de Roma, los estudios consultivos de la ONU acerca del apartheid (Martinelli, M. “El apartheid en Palestina e Israel, una analogía con Sudáfrica”) en curso en Palestina-Israel, la Corte Internacional de Justicia y muchos otros estudios y declaraciones, incluso reciente los proyectos de alto al fuego y de ayuda humanitaria propuestos por Brasil.

Mapa 14: El Eje de la Resistencia.

 El Departamento de Estado de los Estados Unidos define terrorismo como: “la amenaza o uso de la violencia para lograr fines políticos, religiosos u otros por medio de la intimidación, la provocación, el miedo y demás, dirigidos contra poblaciones civiles”. No se marca, como vemos, una diferencia crucial entre los hechos de violencia simbólica o material (que nosotros reprobamos, aunque son una realidad insoslayable): la naturaleza defensiva u ofensiva del acto violento. Según el criterio estadounidense, Israel podría catalogarse como un estado cuyo terrorismo posee un alcance regional, algo semejante a la presión ejercida por la potencia norteamericana, un “Terrorismo global de Estado” (leer más: Martinelli, M. Palestina (e Israel). Entre intifadas, revoluciones y resistencia).

Los acontecimientos de Medio Oriente tienen gran impacto en América e influyen directamente sobre el margen de acción del imperialismo en la región. Quiénes argumentan que “Israel desea la paz, pero no lo dejan” siempre aluden a ciertas resoluciones de Naciones Unidas, como el desarme de Jizbalá.

La idea de mostrarse a sí mismos como bastiones de la democracia, como hacen Israel y EEUU, ilustra más que nada que en la actualidad el estandarte de la democracia sirve a cualquier propósito. Bush lo utilizó para ocupar Irak y equiparar su invasión con la gesta antihitleriana de Europa. Alientan la democracia, pero no la aceptan si los resultados de las elecciones no favorecen sus propósitos. Prosiguen la toma de posesión de las tierras más valiosas de Cisjordania y el cerco en torno al gran “campo de concentración” que han creado en Gaza. El eje de esta política es la absorción definitiva de la primera zona y la destrucción de la segunda con la construcción del muro. Los palestinos han quedado dispersados en un territorio agujereado. Padecen la aplicación de un modelo similar al sudafricano del Bantustán, que desgarra a su país en cantones incomunicados. En sus puntos de entrada y salida, se ubican numerosos checkpoints, donde el Ejército Israelí realiza controles exhaustivos en los territorios palestinos.

El pueblo palestino continúa en la lucha por su autodeterminación, más allá de si es posible la aplicación de una solución de un Estado binacional o de dos Estados. Sin dejar de ver la situación de ocupación que lleva décadas y se incrementa de manera sostenida, es una posibilidad que podría reflotarse en las elecciones previstas para este año. Al mismo tiempo, se reconoce internacionalmente la aplicación de un apartheid sobre su población, pero eso aún no ha modificado sustancialmente su realidad.

Entre las formas de resistencia palestina y de solidaridad internacional hacia su causa, encontramos la campaña BDS, Boicot Desinversión y Sanciones (emparentado con el sudafricano), que se opuso a las declaraciones de la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (AIRH), para rechazar la asimilación entre la judeofobia (antisemitismo) como forma de racismo y el antisionismo, como rechazo a las políticas israelíes hacia los palestinos.

Mapa 15: Cisjordania una colonia de Israel.

Como ha referido el historiador mexicano Isaac Martínez Monterrosas (2023)[2] en resumen de nuestras investigaciones acerca de la temática: “1) el estado coimperial de Israel fue establecido por Occidente para defender sus intereses geoestratégicos en Medio Oriente a través de la desestabilización; 2) el sionismo es una ideología política interesada, por un lado, en la colonización de asentamiento (Settler Colonialism) sobre la totalidad del territorio de la Palestina histórica y por el otro, en la limpieza étnica de la población nativa.”

En esto Israel ha clamado por sus intereses, lo cual no implica direccionar la política estadounidense hacia las zonas que son marcadas por las lógicas territorial y capitalista de poder, que convergen cada una con su peso específico sobre la toma de decisiones hacia la región. Las estrategias políticas, diplomáticas y militares empleadas por EE.UU. muestran su carácter imperialista y en Medio Oriente uno de los factores que acompañan su política es la actuación de Israel.

La realidad social y política palestina se fracturó en tres planos (algunos consideran cuatro, con Jerusalén Este): en Cisjordania y Gaza, en el interior de Israel y en el exterior de la Palestina histórica (refugio y emigración). Estas tres dimensiones, si bien poseen particularidades, no han estado aisladas unas de otras y se han influido. Para los palestinos conforman una misma realidad y cualquier palestino tiene a sus familiares dispersos en estos tres mundos. En otras palabras, las tres esferas de la ocupación israelí sobre Palestina son indisociables.

Mapa 16: El bloqueo de Gaza.

Claudio Katz, en una mesa debate junto con Jorge Elbaum y quien escribe, aseguró:

 Los bombardeos de Israel en Gaza están consumando uno de los mayores crímenes de la historia contemporánea. Incluyen hospitales, escuelas y campamentos de refugiados. Utilizan armas desconocidas que derriten la piel, provocan quemaduras e impiden el tratamiento a los heridos. Los pacientes son también operados sin anestesia de las atroces consecuencias del fósforo blanco.[3]

Como manifestó Enzo Traverso cuando lo entrevistamos: “…lo que está ocurriendo en Gaza hoy es una política que no se puede definir de otra manera que no sea política genocida. Es decir, una política de destrucción planeada en contra de una sociedad civil, en la que no se hace distinción entre combatientes y civiles. Hay 2.5 millones de personas que están encerradas en un espacio que es sometido a bombardeos permanentes con la imposibilidad de buscar un lugar de protección. Todos los medios, lo más elemental para la supervivencia, son cortados: electricidad, agua, la mitad de los hospitales están cerrados.”[4]

Muestra del poder del periodismo y la información son los 67 (sí, 67) periodistas asesinados por el ejército israelí, la presión sobre Al-Mayadeen cadena libanesa en el terreno, los intentos de censura en las redes sociales, la presión del Comando estadounidense para nuestra región, Laura Richardson, en Nuestra América sobre Telesur, Sputnik y Russia Today, el pedido de censurar la BBC, Al Jazeera y Al Mayadeen por parte de Israel en su país, el bloqueo de Telesur en youtube, la censura de Sputnik y RT en Europa, el uso de la palabra “antisemitismo” para cualquier tipo de crítica a las políticas exteriores del Estado de Israel de tan solo tres cuartos de siglo, bajo los pretextos enarbolados en la alianza para la rememoración del Holocausto (IHRA en sus siglas en inglés), las amenazas a nuestro humilde canal de Youtube Coordenadas, las persecuciones a la candidata presidencial de Argentina Miryam Bregman o a la periodista Melisa Trad. Por otro lado, medios como Infobae o La Nación+ representan el aval más ultraderechista a las políticas genocidas de Israel sostenidas por Estados Unidos. La Alianza Estadounidense-israelí junto a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) mantienen su proyecto de imponer un estado de guerra permanente en la región, y cuidar los intereses propios. En los medios de comunicación estadounidenses la sionización es tan minuciosa que ni uno solo de los mapas aparecidos en televisión podría revelar a los ciudadanos estadounidenses la red de guarniciones, asentamientos, carreteras y barricadas israelíes que surcan Gaza y Cisjordania. De esta manera los medios son cómplices de los asesinatos en masa producidos de manera cíclica en la región.

Como ejemplo, Isaac Martínez Monterrosas analizó la continua participación de las universidades judías de Palestina en el proyecto colonial sionista, que construyeron numerosos edificios en sitios estratégicos, para promover la colonización del territorio: “Las universidades judías fueron establecidas de forma estratégica con el propósito de acrecentar a la población colona en los lugares donde ya se habían asentado o comenzar con el proceso colonizador en los sitios no colonizados, por esa razón algunas de ellas fueron erigidas sobre las ruinas de las aldeas limpiadas por los soldados sionistas. Esto lo hicieron conscientes de la importancia de las instituciones universitarias en Occidente, donde son vistas como el espacio donde se construyen los conocimientos de utilidad para la sociedad mundial y cuya destrucción o ataques a sus recintos son calificados de ataques contra la civilización humana al impedir el desarrollo de la ciencia y la tecnología. Dicho de otra manera, consideraron que el establecimiento de sus universidades en sitios potencialmente colonizables justificaría la permanencia de las colonias e impediría su desalojo. También lo hicieron para legitimar sus conquistas militares, ya que, una vez establecidas sus instituciones universitarias, comenzaron a ser promovidos los proyectos de investigación encargados de estudiar el pasado histórico de los lugares conquistados con el objetivo de mostrar al mundo la desenterrada historiad judía del lugar.”[5]

Como se explicó en el medio Sputnik: “Hamás bien podría ocupar un lugar destacado en cualquier Palestina futura, como el Congreso Nacional Africano (CNA), que fue una organización prohibida de 1960 a 1990, acabó haciéndolo en la Sudáfrica posterior al apartheid.” Hamas plantea tres objetivos principales: “la creación de un Estado palestino independiente, la liberación de los prisioneros palestinos encerrados en las cárceles israelíes y el fin de las incursiones de colonos y policías israelíes en la mezquita de Al-Aqsa en Jerusalén”.[6]

Mapa 17: Estados Unidos mayor ayuda militar exterior a Israel.

 

El Estado Judío –declarado así en su legislación desde 2018–, es el mayor receptor de ayuda exterior militar de los Estados Unidos, más de 250 mil millones declarados desde 1949-2023.[7] La influencia del AIPAC American Israel Publlic Affairs Committe (Comité de Asuntos Públicos Estadounidense-Israelí) es muy extendida. Para el sionismo estadounidense “…no es lícito hablar de violencia o terror judíos cuando se trata de Israel, aunque todo lo que hace lo hace en nombre del pueblo judío, por y para un Estado judío[8].”

Varias explicaciones justifican la importante cantidad de material y apoyo diplomático que los EE. UU. proporcionan a Israel. Es el mayor receptor anual de ayuda directa estadounidense, tanto militar como económica, desde la Segunda Guerra Mundial y el único que no tiene que dar cuentas de cómo gasta la ayuda, una excepción que hace casi imposible impedir que el dinero se use para fines a los que se opongan los EE. UU., como la construcción de asentamientos en Cisjordania, y hace la vista gorda con respecto a la adquisición de armas nucleares. Israel es la principal potencia militar de la región y el quinto poder nuclear del mundo, y no está rodeado de un mar de árabes hostiles, como pretende ser visto. La ambigua estrategia de la administración Bush para transformar Oriente Medio tuvo como fin parcial mejorar la situación estratégica de Israel. Este apoyo único a Israel se debió a su condición estratégico durante la Guerra Fría y a la coincidencia de enemigos. Es cierto que tanto en la guerra del Golfo de 1991, como la invasión a Irak de 2003, los EEUU no recurrieron al apoyo israelí para no avivar una mayor oposición en el mundo árabe.

Usualmente los norteamericanos sostienen que apoyan a Israel porque es una democracia rodeada por dictaduras hostiles. Los EE.UU. han derrocado gobiernos democráticos en el pasado, han apoyado a dictadores cuando esto resultó beneficioso para sus intereses y, actualmente, tienen excelentes relaciones con un buen número de dictaduras. Así pues, ser una democracia no justifica ni explica el apoyo estadounidense a Israel.

La explicación reposa en el incomparable poder del lobby israelí. Si no fuera por su habilidad para manipular el sistema político norteamericano, la relación entre Israel y los EE. UU. sería mucho menos íntima. Lo único que explica la relación entre EE.UU. e Israel es el poder del lobby israelí. El AIPAC constituye el corazón del lobby en el Congreso. La ZPC, la Zionist Power Configuration (ZPC), ganó el pulso a Big Oil y al complejo industrial-militar a la hora de dictar a los Estados Unidos la política en Oriente Medio.

El rol de Israel junto a la actuación del lobby israelí en las políticas exteriores estadounidenses llevadas a cabo en Medio Oriente ha sido analizado desde dos posiciones: Israel es el que guía la política estadounidense en Medio Oriente o EE.UU. guía su política exterior allí teniendo en cuenta las pretensiones israelíes. Desde este trabajo se sugiere encontrar una posición que tome en cuenta la influencia del lobby israelí desde los medios masivos hasta la influencia en la política, pero no como la impronta que decide la política estadounidense sobre una zona de decisivo peso. EE. UU hace esto para continuar como potencia dominante a nivel global, tanto sobre Europa y Japón, como sobre países que buscan tomar nuevas posiciones (por ejemplo, el BRICS+), y no simplemente para respaldar a Israel.

Es difícil establecer si el Estado sionista es únicamente un instrumento del imperialismo estadounidense, como algunos autores proponen. Entonces, siendo que el lobby israelí influye en los EE.UU. y es un factor a tomar en cuenta, no estamos enteramente de acuerdo con la posición que proclama la postura israelí como la que resuelve la toma de decisiones para la zona. Esta perspectiva intermedia sería la más adecuada para comprender que Israel influye en las decisiones estadounidense sobre Medio Oriente, pero no es el factor único y desencadenante.

Desde los Atentados a las Torres Gemelas de 2001, Medio Oriente ha ocupado el escenario político mundial: el bombardeo aéreo de Afganistán, la expansión a través de Cisjordania, la ocupación de Iraq, el acordonamiento de Irán, una nueva invasión del Líbano, la intervención en Somalia, el problema del Kurdistán, la crisis en Siria, la batalla de Yemen, la cuestión palestina, la confrontación y competencia hegemónica entre potencias, ahora el avance del BRICS+ y la OCS. La ofensiva estadounidense en la región ha dominado los titulares y ha polarizado a la opinión pública doméstica e internacional.

Mapa 18: Reconocimiento mundial a Palestina.

 

El caso de Palestina se diferencia del de otros países, puesto que, en lugar de experimentar una liberación del colonialismo occidental, en la etapa de la descolonización se estableció un nuevo Estado. Un colonialismo tardío y progresivo, que se anexó de forma ilegal más territorios en las guerras de ocupación y que omitió diferentes leyes internacionales y resoluciones de la ONU que pedían la devolución de estas tierras.

Durante el Comité para el Ejercicio de los Derechos Inalienables del Pueblo Palestino, el 14 de octubre de 1974, la OLP fue reconocida por la Asamblea General de las ONU como representante legítimo de los intereses del pueblo palestino mediante la resolución 3210. Y, mediante la resolución 3236 (XXIX) de noviembre de 1974, reafirmó que buscaban el reconocimiento a la autodeterminación y a la independencia, la soberanía nacional y retornar a sus hogares (y propiedades) de los que fueron desarraigados, para así poder cerrar el ciclo de pelear por sus reivindicaciones nacionales y territoriales.

El 13 de noviembre, Yasser Arafat reclamó ante la ONU el derecho a vivir en su tierra y ejercer la soberanía:

 

“La OLP puede presumir de tener un gran número de actividades culturales y educativas, incluso mientras se dedica a la lucha armada [...] Hemos establecido institutos de investigación científica, el desarrollo agrícola y el bienestar social, así como centros para la reactivación de nuestro patrimonio cultural y la preservación de nuestras tradiciones. Muchos poetas palestinos, artistas y escritores han enriquecido la cultura árabe en particular, y en general la cultura mundial. […]

La OLP se ha ganado su legitimidad debido al sacrificio inherente a su papel pionero, y también a causa de su dedicación al frente de la lucha. También le han concedido esta legitimidad las masas palestinas, que en armonía con ella la han elegido para dirigir la lucha según sus directivas. [...] Esta legitimidad se ve reforzada por el apoyo de toda la nación árabe, y fue consagrada durante la última Conferencia de la Cumbre Árabe, que reiteró el derecho de la OLP, en su calidad de único representante del pueblo palestino, para establecer un estado nacional independiente sobre todo el territorio palestino liberado. (Las cursivas son nuestras).”

La OLP tuvo una estructura política y organizativa formada por nacionalistas seculares, marxistas, comunistas y socialistas. Desplegó la mayor influencia y capacidad de combate en torno a su legítimo derecho a la resistencia contra la ocupación de su tierra natal por una fuerza militar extranjera. Así captaron el apoyo y la solidaridad de amplios sectores de la población mundial.

Mapa 19: El Imperio y el Imperialismo Estadounidense.

El resurgimiento de Eurasia (artículo Martinelli Resurgimiento Eurasia) modifica el escenario y grafica la transición hacia un nuevo mapa de poder mundial. Ejemplo de ello es la Nueva Ruta de la Seda. Esto se desenvuelve en consonancia con el declive hegemónico estadounidense a largo plazo y la crisis de Europa; en esa competencia surgen debates sobre si se trata de potencias imperialistas o no. Tales planteamientos servirán para poder precisar algunas cuestiones respecto de la inserción en esta nueva coyuntura de nuestra región de Sudamérica y el Medio Oriente. La dinámica de competencia hegemónica repercute en los cambios a nivel mundial, mientras la gran crisis sistémica actual se observa en una guerra híbrida, marcada por un desplazamiento geopolítico y una transición respecto de las placas tectónicas. La reconfiguración del mapa de poder mundial, entre un mundo unipolar y otro multipolar, no exento de conflictividad, genera a nuestra región una posibilidad de realinearse.

El resurgimiento de Eurasia modifica el escenario y grafica la transición hacia un nuevo mapa de poder mundial. Ejemplo de ello es la Nueva Ruta de la Seda. Esto se desenvuelve en consonancia con el declive hegemónico estadounidense a largo plazo y la crisis de Europa; en esa competencia surgen debates sobre si se trata de potencias imperialistas o no. Tales planteamientos servirán para poder precisar algunas cuestiones respecto de la inserción en esta nueva coyuntura de nuestra región de Sudamérica y el Medio Oriente. La dinámica de competencia hegemónica repercute en los cambios a nivel mundial, mientras la gran crisis sistémica actual se observa en una guerra híbrida, marcada por un desplazamiento geopolítico y una transición respecto de las placas tectónicas. La reconfiguración del mapa de poder mundial, entre un mundo unipolar y otro multipolar, no exento de conflictividad, genera a nuestra región una posibilidad de realinearse.

Las potencias manufactureras o con yacimientos de materias primas neurálgicas están aumentando su nivel de asociación y por ende un fortalecimiento regional frente a las demás potencias y organizaciones como la denominada tríada: Estados Unidos, Europa occidental y Japón. Tal situación gravita en una crisis sistémica, la cual gira en torno a un rediseño de las estructuras de poder mundial, cuyo nuevo orden multipolar desafía los parámetros de otro de carácter más unipolar.

La encrucijada histórica y geográfica actual asume como principales escenarios el ascenso de Eurasia y un declive relativo euroamericano. Al mismo tiempo, aumenta la desigualdad a nivel mundial. Por lo tanto, diferentes doctrinas y posturas se plantean en la disputa del poder hegemónico, cuyos principales poderes se erigen en la República Popular China y Estados Unidos con un rol diferente respecto de su incidencia mundial.

En las últimas tres décadas, la potencia norteamericana viene ejerciendo un papel de liderazgo más intervencionista en las políticas de los países, con una serie de intervenciones militares en la región denominada “Medio Oriente ampliado”, desde Afganistán a Libia. Mientras que China ejerce otro tipo de intervención en el aspecto de mayor dependencia geoeconómica desde la instauración de la Nueva Ruta de la Seda en 2013 (Zhang, 2018), a una intermediación en el conflicto saudí-iraní para su resolución.

En el presente año 2023 se cumplen dos siglos de la doctrina Monroe de 1823 —“América para los estadounidenses”—, esto es para América Latina (Nuestramérica). Por diferentes motivos, casi coincide en el tiempo con los procesos emancipatorios de la misma región. Entretanto, se desplegó la maquinaria militar más grande creada y aumentada por dicha potencia desde 1945. En los últimos treinta años, posterior a la implosión soviética, el país norteamericano ha pretendido ejercer una unipolaridad, el Proyecto del Nuevo Siglo Americano (PNAC en inglés). Entre esos dos ejes, el de la unipolaridad y el de la multipolaridad se encuentra el nuevo mapa mundial que por ende modifica la situación de nuestra región y el Medio Oriente.

Mapa 20: La Nueva Ruta de la Seda s. XXI.

La visión unipolar del nuevo siglo estadounidense se topó con el crecimiento económico y con la asociación estratégica de países como Rusia, Irán y China, (a los que podrían sumarse India y otros), mientras que Estados Unidos continúa manejando la estrategia y la inversión militar. Dicha ventaja fracasó en sus incursiones militares, como en Iraq y Afganistán, que además de la destrucción de países —que no fueran potencias o subpotencias— no ha conseguido los objetivos propuestos. Entonces, con una dinámica distinta estamos fren te a un desgaste de la credibilidad en la retórica de enemigos de la humanidad (los últimos los terroristas, ahora más visible en chinos y rusos), y llegando al cuarto del siglo, este XXI se avizora como un siglo euroasiático.

China y EEUU disputan la hegemonía con diferentes planes geoestratégicos y alianzas, una volcada hacia el Atlántico y la OTAN en expansión. Mientras, el gigante asiático ensaya un mayor despliegue continental y territorial, pero que en los últimos años a través de la NRS se han incorporado países de todo el mundo hasta llegar a más de 140 países en la actualidad. La multipolaridad ya está en marcha representada por lo sucedido hasta ahora, pero se acentúa y sienta las bases para los próximos decenios. El dominio estadounidense, en parte debido a las crisis capitalistas; con la de 2008 como último ejemplo, enfrenta el resurgimiento de Eurasia. Las invasiones y destrucción de países que lideró no le permitieron imponer su “orden basado en reglas”. Potencias en recomposición como China y Rusia, más otros que se suman a esa alianza —aún con ambivalencias o sin cortar lazos con el eje anglosajón— de manera directa, ofrecen resistencia y modelos alternativos a los que se establecieron hace casi ocho décadas, y veremos cómo decanta hacia el resto del mundo.

Una lectura posible es un mayor equilibrio en las decisiones de los hechos a nivel mundial. Desde 1945 han estado marcados, durante medio siglo, por países capitalistas frente a los socialistas, más las revoluciones e independencias en el mundo colonizado. Y en las últimas tres décadas se pasó de un mundo pretendidamente unipolar a una mayor multipolaridad, abriendo nuevos escenarios para otros países de subpotencias como Irán y Argentina. Podrían gestarse así un abanico de posibilidades con más dimensiones y una oportunidad de unificar las políticas de Latinoamérica o Medio Oriente para tratar con las potencias.

*El presente artículo da continuidad a otros estudios previos como “La reconfiguración simbólica y material de Medio Oriente”, “La geopolítica euroasiática frente al imperialismo” y el libro Palestina (e Israel). Entre intifadas, revoluciones y resistencias, donde hemos estudiado en diferentes alcances temporales parte de los temas abordados.

Edición: Carmen Parejo Rendón

Conferencia “Mapeando Palestina e Israel”. Cierre del IV Congreso Internacional de Geografía Urbana. 

Autor

Martin Martinelli

+ artículos

Argentina, 1982. Historiador y Doctor en Ciencias Sociales (UNLu). Coordinador del Grupo Especial Revista Al-Zeytun “Palestina y América Latina” del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales CLACSO (2019-2022), Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe (UBA). Director del Observatorio Geohistórico (OGH-UNLu). Autor del libro Palestina (e Israel). Entre intifadas, revoluciones y resistencias (EDUNLu, 2022) Edición El Viejo Topo (España, 2024). Compilador de: “Medio Oriente y la cuestión palestina”, “Palestina, Medio Oriente y Nuestra América”, “Irak, Medio Oriente y el mundo árabe a 20 años de la invasión liderada por los EEUU”, “Revoluciones, movimientos sociales y conflictividad política (siglos XX y XXI)”, “Un mundo bajo nuevas coordenadas”. Dirige el PICT “La geopolítica euroasiática frente al imperialismo”.

NOTAS:

[1] Drishti The Vision Foundation. (2023). “India-Middle East-Europe Corridor” en Drishti The Vision Foundation. Disponible en https://www.drishtiias.com/daily-updates/daily-news-analysis/india-middle-east-europe-corridor [visitado diciembre de 2023].

[2] Martínez Monterrosas, Isaac (2023). “La resistencia al negacionismo histórico: Palestina (e Israel), entre intifadas, revoluciones y resistencia de Martín Martinelli”. Prólogos. Revista de historia, política y sociedad n° 15. Luján, Argentina.

 [3] Katz, C. (2023). “La incursión que trastocó a Medio Oriente”. La página de Claudio Katz. Textos de Ciencias Sociales. Disponible en: https://katz.lahaine.org/la-incursion-que-trastoco-a-medio/ [visitado diciembre 2023]. Vídeo https://youtu.be/uvaq2v0RpFw.

[4] Martinelli M. A. (2023b). “Entrevista a Enzo Traverso. Palestina e Israel, un debate necesario” en CIPI (Centro de Investigaciones de Política Internacional). Disponible en  https://www.cipi.cu/enzo-traverso-y-martin-martinelli-palestina-e-israel-un-debate-necesario/ [visitado diciembre 2023]. Vídeo en: https://www.youtube.com/live/_oWcgT7PIXA.

[5] Martínez Monterrosas, I. (2024). La diáspora judía de Palestina en la historiografía sionista (1918-2021). Tesis de Licenciatura en Historia. Naucalpan: Facultad de Estudios Superiores Acatlán Universidad Nacional Autónoma de México. En prensa.

[6] Sputnik Mundo. (2023). “¿Por qué Hamás estaría ganando la guerra política contra Israel?” en Sputnik. Disponible en: https://sputniknews.lat/20231130/por-que-hamas-estaria-ganando-la-guerra-politica-contra-israel-1146154174.html [visitado en diciembre 2023].

[7] USA Facts. (2023). “Which Countries Receive the Most Foreign Aid from the U.S.?” en Visual Capitalist. Disponible en https://www.visualcapitalist.com/cp/which-countries-receive-the-most-foreign-aid-from-the-u-s/ [visitado diciembre de 2023].

[8] Said, “El ultimo tabú…” Op.cit.

El soft power de Israel en América Latina

 

Por Leandro Albani

El historiador y escritor Martín Martinelli habla sobre la influencia del sionismo en América Latina, los lazos que Israel mantiene con el continente a través del militarismo, y el silencio mediático que sobrevuela la masacre que se comete en la Franja de Gaza.

Milei Israel

El denominado lobby sionista tiene su centro de operaciones a nivel internacional en Estados Unidos. Sobre el poder de esa ideología en la principal potencia capitalista mundial se investigó y escribió mucho (y se sigue investigando). Un debate latente para intelectuales, historiadores, periodistas y activistas es si realmente Estados Unidos controla a Israel, o viceversa.

El sionismo, como ideología que rige al Estado israelí desde su fundación en 1948 en el corazón de Medio Oriente, atravesó una mutación que fue desde ideas socialistas hacia la ultraderecha descarnada, que en la actualidad representa el primer ministro Benjamín Netanyahu y su gabinete de gobierno. En la génesis del sionismo ya estaba la mentalidad de colonización y supremacía que podemos observar, en vivo y en directo, con el genocidio que se comete en la Franja de Gaza desde el 7 de octubre pasado, donde ya fueron asesinados más de veinticinco mil palestinos y palestinas.

Ayuso Auschwitz

GENOCIDIO  Disputar al sionismo la memoria del Holocausto

DIEGO DÍAZ

Ese lobby sionista que recorre los pasillos de la Casa Blanca y del Congreso estadounidense, en América Latina es más difuso y subterráneo. También, a diferencia del gran país del norte, tiene un poder de influencia menor, pero para nada despreciable.

En la Argentina actual, bajo la presidencia de Javier Milei, o en Colombia, con su injerencia en la guerra del Estado contra la población civil, Israel y su soft power están presentes. Como lo estuvo, sobre todo con la venta de armamento, durante las dictaduras militares que asolaron al continente en las décadas de 1970 y 1980.

Con su larga historia, en pleno siglo XXI, el sionismo disputa, todo el tiempo, hegemonía a nivel mundial.

Para analizar y reflexionar sobre este tema, El Salto dialogó con Martín Martinelli, historiador y Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad Nacional de Luján, de Argentina. Martinelli además es autor del libro Palestina (e Israel). Entre intifadas, revoluciones y resistencias, publicado en 2022 en Argentina y en 2023 por El viejo topo, en España.

Los puentes del sionismo

“El lobby sionista en América Latina —explica Martinelli— tiene un accionar que va acoplado a los intereses anglosajones, principalmente de Estados Unidos, y en segundo término de Inglaterra. Eso se puede ver en relación a cómo apoya al neoliberalismo y al capitalismo salvaje, y al mismo tiempo tiene grandes empresas”.

Compañías militares, de sistemas de seguridad para fuerzas públicas, de explotación de agua dulce (como es el caso de la israelí Mekorot), “ofrecen sus servicios” en América Latina, siempre con el argumento de que Israel es vanguardia en tecnología. Martinelli ejemplifica lo que sucede hoy en día en Argentina, con el gobierno del presidente Javier Milei, que muestra sin desenfado su simpatía no solo con el Estado israelí sino también con las corrientes más conservadoras del sionismo. En el caso de Brasil, durante la administración de Jair Bolsonaro el cóctel entre sionismo y evangelismo tuvo su mayor esplendor. Según Martinelli, estas relaciones hay que interpretarlas como “algo político”.

Compañías militares, de sistemas de seguridad para fuerzas públicas, de explotación de agua dulce “ofrecen sus servicios” en América Latina, siempre con el argumento de que Israel es vanguardia en tecnología

El historiador argentino puntualiza que “en líneas generales, el lawfare, los grandes poderes políticos y económicos, son los que apoyan la política genocida e infanticida israelí. Los palestinos son apoyados en declaraciones, como por ejemplo en el caso del presidente colombiano Gustavo Petro, o como en el reconocimiento por parte de Argentina, y luego de Brasil también” de un Estado palestino independiente.

Aunque desde América Latina hubo posicionamientos fuertes en contra de la invasión israelí a la Franja de Gaza —principalmente de los gobiernos de Bolivia, Venezuela, Colombia, Cuba y Nicaragua—, Martinelli advierte “que la lectura general que hay que hacer es que el sionismo tiene puentes fuertes” hacia el continente latinoamericano. Volviendo a su país, el historiador reconoce que en Argentina quienes profesan el sionismo y defienden las políticas represivas israelíes se encuentran “en lugares claves de las universidades, de los medios de comunicación y de los grandes aparatos de mayor difusión”.

Negocios, ideología y dictaduras

En el libro Militarismo israelí en América Latina —publicado por el capítulo latinoamericano del Movimiento Boicot, Desinversiones, Sanciones (BDS)—, se explica que “el comercio militar se constituye como parte del corazón del sistema de opresión de Israel”. Por su parte, en la obra El Estado de Israel armó las dictaduras de América Latina, el profesor Israel Shahak detalla cómo Tel Aviv envió contingentes de armamento a las dictaduras en Chile, Argentina, Paraguay y Guatemala, entre otros países, que sirvieron no solo para asesinar a los opositores políticos, sino también a civiles que estos regímenes “marcaban” como activistas o militantes.

Al respecto, Martinelli analiza que la venta de armas israelíes a las dictaduras latinoamericanas “tiene una incidencia que va subordinada, y en algunos casos a la par, a la de Estados Unidos con su política de ventas de armas, de apoyo a las represiones”, y con el entrenamiento a fuerzas de seguridad, hecho que continúa hasta la actualidad en varios países.

“Israel tiene una llegada tal en América Latina, que se puede reflejar en los medios de comunicación, incluso con banderas israelíes por parte de algunos pseudo periodistas”

“El minicomplejo industrial militar de Israel, que copia en menor medida al de Estados Unidos, se construye con las políticas represivas durante las dictaduras latinoamericanas —asegura el historiador—. En la ideología. Israel tiene una llegada tal que se puede reflejar en los medios de comunicación, incluso con banderas israelíes por parte de algunos pseudo periodistas”, luego de la acción militar de Hamás contra asentamientos y colonias israelíes en territorio palestino.

En esa mezcla de militarismo, ideología y negocios, destaca Martinellí, también aparece la “política de persecución” por parte de Israel “de un supuesto antisemitismo, que en realidad sería conveniente llamar judeofobia”. Para que esa triada le funcione a Israel, los medios de comunicación son fundamentales. En esos medios, como en ámbitos universitarios y hasta para el denominado “sentido común”, se construye a los y las palestinas como terroristas y “a los israelíes como avanzados, que inventan tecnología, que tienen un país rico”, indica el historiador. “Esa lógica lo que hace es bombardear primero mediáticamente, para luego atacar mediante las bombas. La diferencia entre América Latina y Medio Oriente, es que en Medio Oriente se bombardea, y en América Latina, y en Argentina en particular, votamos a nuestros verdugos que apoyan la política genocida e infanticida de Israel”, manifiesta Martinelli.

Historia y religión

La historia de Israel está construida sobre el mito de un libro sagrado. El fundamentalismo judío, entrelazado de forma mimética con la ideología sionista, es la corriente de pensamiento que prevalece en Israel. Su primer ministro y sus altos cargos ejemplifican esto. El avance de Israel sobre territorio palestino nunca se detuvo y, por estos tiempos, parece imparable. Desde el gobierno de Netanyahu ya dejaron claro que su objetivo es desplazar a los dos millones de pobladores que viven en Gaza hacia Egipto o hacia algún país más al sur del continente. Para eso, Israel bombardea de forma indiscriminada, pero también construye la justificación para esto, no solo hacia su propia sociedad sino también para el exterior. Una estrategia que  lleva décadas en marcha y quienes se atrevan a cuestionarla, son sancionados, perseguidos o, en el caso de los propios israelíes que lo hicieron, expulsados.

“Si nosotros vemos la historia de Israel y Palestina, sobre todo desde la historia de Palestina, en los últimos cien años, acentuados desde 1948, hubo una política de limpieza étnica, de colonización, o colonialismo de asentamiento, y de genocidio por goteo —alerta Martinelli—. Esto quiere decir que los planes de expulsión van a cumplir, por lo menos, cien años”.

El historiador y especialista en Medio Oriente recuerda que bajo el Mandato Británico en Palestina, a través de organizaciones sionistas armadas —como Irgun o Stern—, pero también con partidos políticos, el plan de expulsión se puso en marcha. Al mismo tiempo, el sionismo se presentó con “una apariencia socialista” en un principio, pero esas mismas agrupaciones “después se han ido fascistizando a partir de la asunción del Likud, en 1977”. Este mecanismo político y militar, según el académico, se convirtió en “la ideología central del Estado de Israel”, que se muestra al mundo como un país blanco y sin árabes, aunque el 20% de su población es árabe-palestina.

Para alcanzar sus objetivos, Israel apeló al lobby sionista en “en las altas esferas” políticas, religiosas y militares, y a través del aparato de difusión que incluye el cine, los libros, la música y el arte en general. “Ese es el lobby más fuerte, pero se reproduce en menor escala en América Latina”, que en el caso de Argentina tiene canales de difusión como los medios Infobae, La Nación, TN o Clarín. En México, señala Martinelli, “es algo que se repite por estar tan cerca a Estados Unidos”.

En América Latina, el evangelismo funciona como un puente férreo con el sionismo y, según Martinelli, “tiene un papel de cobertura o de respaldo de Israel”

El historiador es tajante al afirmar que lo que existe “es un pueblo colonizador y otro colonizado, en donde el primero está interfiriendo y tratando de acaparar sus tierras. Por eso, las cuestiones actuales hay que mirarlas también en una perspectiva histórica y geográfica, y no religiosa. No hay que confundir nunca los términos religiosos, que es una de las formas con las que se trata de tergiversar la historia y de esa forma modificar la ideología”.

En América Latina, el evangelismo funciona como un puente férreo con el sionismo y, según Martinelli, “tiene un papel de cobertura o de respaldo de Israel”. Los representantes más destacados de esta simbiosis son Jair Bolsonaro en Brasil, Donald Trump en Estados Unidos y ahora Milei en Argentina.

“Así como Bolsonaro salió con la bandera de Israel, lo mismo hizo Milei, y al mismo tiempo se ve esto en las universidades, donde es difícil encontrar lugares donde se pueda hablar libremente de Palestina. La media es no decir nada. Como dijo Desmond Tutu en 1995 en Sudáfrica, el neutral está apoyando al opresor”.

Como última reflexión, Martinelli remarca que “lo que se hace al defender al Estado de Israel no es defender a siete millones de ciudadanos israelíes, que conviven con siete millones de palestinos, y otros tantos millones de palestinos de los países circundantes, como Irak, Líbano, Siria, Jordania o Egipto. Lo que se hace es tratar de justificar esta gran masacre que todo el mundo está viendo ahora, que Sudáfrica llevó a la Corte Internacional de Justicia, no solo como apartheid, sino como un genocidio en vivo y en directo”.

* Doctor en Ciencias Sociales y Humanas y profesor de Historia en la Universidad Nacional de Luján
 

viernes, 15 de marzo de 2024

Martín A. Martinelli, autor del libro "Palestina (e Israel) entre intifadas, revoluciones y resistencia"

 

Martín A. Martinelli, es Doctor en Ciencias Sociales, Historiador. Universidad Nacional de Luján (Argentina). Co-Coordinador del Grupo Especial Revista Al-Zeytun / CLACSO «Palestina y América Latina» (2019-2022) por el Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe (Universidad de Buenos Aires), Director Observatorio Geohistórico (UNLu). Autor del libro “Palestina (e Israel). Entre intifadas, revoluciones y resistencias”.


1. ¿Cómo nace la idea de publicar tu libro “Palestina (e Israel), intifadas, revoluciones y resistencias”?

La intención era darle voz a la que menos la tienen, los palestinos. Si la tienen, pero no en los niveles insospechados que tiene el colonialismo de ocupación israelí, aliado estadounidense en la región. Estudiamos su pensamiento, también el israelí, que por supuesto está entrelazado. No obstante, quisimos dilucidar un tema de lucha, de resistencia al colonialismo y al imperialismo, por lo significativo para los palestinos, pero más por lo simbólico, influyente y representativo que es y ha sido para otras luchas por la libertad, por los derechos humanos.

Desde el sur es lo más lógico entender este caso, ya que hemos vivido también el colonialismo y continuamos sintiendo el imperialismo en carne propia. Mismo en las elecciones de Argentina que acaba de ganar un misógino y defensor a ultranza de la dictadura genocida argentina (1976-1983) como Milei, no es una impresión, así se lo advierte.

Nace en primer lugar de una investigación de largos años donde tuvieron un rol fundamental, mi familia nuclear, mi compañera Caro, Santi y Bren, mis directores de Tesis Doctoral Claudio Katz y Susana Murphy, el Observatorio Geohistórico que integro y dirige Omar Gejo. Eso es lo que no aparece en primer plano. Esta es una actividad colectiva y la escritura de la historia, implica un esfuerzo en todos los matices planteados en el libro.

Cuando finalizaba la tesis pensaba las formas que podría adquirir esto y todo el conocimiento producido y generado en la Universidad debe volcarse a la sociedad en una relación de intercambio mutua y equitativa.

Ha sido un camino cargado de contratiempos la publicación porque por ideología recibió muchas objeciones, de largo, mucho más que a la rigurosidad y sistematización de lo atravesado desde la perspectiva palestina. Es decir, la de un pueblo colonizado, oprimido, que resiste a su opresor y por eso genera muestras de solidaridad y manifestaciones en el mundo entero para pedir un cese al fuego y el desmantelamiento del apartheid al que cotidianamente se enfrentan de manera estoica.


2. ¿Cómo llegaron los primeros colonos israelíes a Palestina? Algunos judíos llegaron antes de la Segunda Guerra Mundial....

Para entender, profundicemos en qué es el sionismo, vale aclarar que el judaísmo es una religión compuesta de diferentes orientaciones en su interior y, al igual que otras, sus fieles están diseminados por muchos países. Esto se contrapone con el movimiento político sionista que es “una ideología de apropiación colonial con ropaje milenario”. A través de esta caracterización, distinguimos las posturas antijudías, de las antisionistas y de las antiisraelíes. La primera posición es racista, la segunda anticolonialista y la tercera es semejante a una perspectiva anti Estados Unidos, dado que expresa un genérico rechazo al imperialismo. Pero lo central es registrar que Israel obra en función de las prioridades geopolíticas de aquel país.

El sionismo es un movimiento político, promovido por los judíos en diferentes países europeos. Sus primeros ideólogos se sitúan en la segunda mitad, del siglo XIX, sobre todo en las décadas finales. Su objetivo, instaurar un Estado con un nacionalismo étnico junto con una forma de colonialismo europeo de ultramar. Además, buscó que la identidad judía, religiosa y en parte cultural, se fundiera en una identidad nacional judía moderna, aunque no asumieran un único país de origen, ni una misma lengua, ni cultura, ni costumbres en común, por provenir de lugares diferentes. 

Planteaba un renacimiento nacional como alternativa a la persecución sobre los judíos que se daba en varios países. En 1896, Theodor Herzl, periodista austrohúngaro, publicó El Estado judío donde trazó la idea de un “restablecimiento” del Estado judío como solución al “problema judío” en Europa y al antijudaísmo. Allí colocó las bases de cómo establecer dicho Estado, y se dedicó a buscar el apoyo de las potencias mundiales para poder concretarlo. En ese sentido, Herzl en 1896 afirmó: 

“Palestina es nuestra inolvidable patria histórica. Tan solo su nombre sería para nuestro pueblo un llamado aglutinador poderosamente emotivo. Para Europa formaríamos parte integrante del baluarte contra el Asia: constituiríamos la vanguardia de la cultura en su lucha contra la barbarie. Como Estado neutral mantendríamos relaciones con toda Europa que, a su vez, tendría que garantizar nuestra existencia.” 

El nacionalismo de fines del siglo XIX y Gran Bretaña como potencia mundial garantizaría la promoción del nuevo Estado. Herzl propuso varios lugares para ubicar a los judíos, como Palestina, Uganda o la Argentina: 

“¿Palestina o Argentina? ¿Se deberá preferir Palestina o Argentina? La Society tomará lo que se le dé y lo que declare la opinión general del pueblo judío. La Society establecerá ambas cosas. La Argentina es uno de los países naturalmente más ricos de la tierra, de una superficie enorme, con escasa población y un clima moderado. La República Argentina tendría el mayor interés en cedernos una parte de su territorio. Naturalmente, la actual infiltración judía ha generado desavenencias; habría que ilustrar a la Argentina sobre la esencial diferencia de la nueva migración judía.” 

También ofrecía ser una guardia de honor de los Santos Lugares de la cristiandad, con alguna forma de extraterritorialidad acorde con el derecho internacional. 

La meta del proyecto, salvaguardar una fortaleza “blanca” (occidental) en un mundo “negro” (árabe). Esto conlleva implicancias tales como el temor a ser superados en el aspecto demográfico, el racismo, así como también la dicotomía entre lo occidental y lo oriental o islámico, como su opuesto negativo. Junto con ello, en el interior de Israel se produjo otro tipo de diferenciación. Por una parte, los judíos llegaron de países de lengua árabe del norte de África y del Medio Oriente, denominados mizrahim. Este término unificó su significado con el nombre sefaradim –se usa en la actualidad e históricamente refería a los judíos de la Península Ibérica a los que se intentó desarabizar–. Por otra, los asquenazíes, sobre todo europeos, quienes formaron y continúan como élite gobernante. 

El sionismo secularizó y nacionalizó el judaísmo, aunque no en su totalidad. Su núcleo de interés era la tierra, ejerce el colonialismo de asentamiento, según su propia versión y la británica. Para cimentar un Estado judío necesitaba generar una infraestructura. Hasta 1918 y luego con la ocupación británica de Palestina, preveían crear un Estado judío allí para escapar de una historia de persecuciones y pogromos en Occidente, y consideraban imposible su asimilación en las sociedades de los países europeos donde residían. De todas maneras, los intereses imperialistas británicos que lo sustentaron y los judíos seguidores de esta política formaban parte de un grupo menor en sus inicios. A su vez, reclamaban lo que pasaron a considerar como su “antigua patria”. Por estas razones, la campaña para el asentamiento estatal en Palestina está asociada al milenarismo cristiano y al colonialismo europeo del siglo XIX. 

En el relato nacionalista israelí, una comunidad religiosa se transformó en una comunidad política, a partir de grupos dispersos por todo el mundo y un colectivo definido por la religión y los lazos de sangre, se convirtió en el Estado de Israel. Trataron de presentarlo como entidad homogénea en movimiento a través del tiempo, desde hace milenios a la actualidad. El espacio y la cultura del colectivo son estáticos, dado que los matrimonios, la migración y los conflictos internos modificaron los límites del colectivo. Tal argumento también se utiliza con la Torá, como la fuente de identificación para los judíos. Este libro, considerado sagrado, se exhibió como si fuese una prueba de los derechos nacionales en Canaán en el pasado y de Palestina en el presente. Así como también otorgó a la nación un sentido de orgullo y singularidad como pueblo elegido. 

Incluye tendencias variadas y aun contradictorias, desde nacionalistas hasta liberales y socialistas, pero cuya mayoría adhiere a la tesis territorialista, ligada a la creación de un Estado-nación judío que será el Estado de Israel. Este movimiento político buscó un elemento común para ensamblar una identidad propia, que fue la religión/cultura judía. La finalidad era encontrar un punto de amalgama para el nuevo movimiento, dado que los participantes eran individuos originarios de países muy heterogéneos. 

La percepción judía de su identidad religiosa mutó en una identidad nacional. Judíos de diversos países, culturas y lenguas que llegaban a Palestina se fusionaron –con varias dificultades– en una nueva identidad nacional judía, sobre todo a partir del establecimiento del Estado de Israel. Al mismo tiempo, desconocieron la identidad palestina en documentos que consagraban el establecimiento de un “hogar nacional” judío como compromiso británico en su potestad sobre Palestina. Excepto por un breve período ulterior a la emisión del Libro Blanco de 1939, Gran Bretaña permaneció leal a este enfoque dual hasta 1947-1948. 

Hasta la actualidad, la naturaleza del Estado israelí se especifica con el retorno de los judíos y el no retorno de los palestinos. Si esa dinámica caducara, su identidad se disolvería. En la sociedad israelí, la participación directa del Estado y del Ministerio de Educación rememoran la Shoah. Se emplaza en un lugar central del discurso público israelí, así como también en su imaginario social.

En la fase anterior a la implantación del Estado de Israel, los judíos se agruparon para el trabajo colectivo en los kibutzim y los moshavim. La diversificación de la economía en Palestina promovió la constitución del sindicato sionista Histadrut, integrado de forma intencional –en contradicción con la ideología socialista precedente– solo con obreros judíos que impulsaron la nacionalización de la economía. 

En 1929, se creó la Agencia Judía para alentar la inmigración y estructurar la comunidad judía a través de instituciones de autogobierno. En síntesis, a lo largo de cuatro décadas, los sionistas adquirieron tierras, colonizaron asentando a una población significativa pero bastante menor en comparación a la palestina. En primer término, desarrollaron instituciones, organizaciones políticas y sindicales. Y más adelante, comenzaron con la difusión de un hebreo moderno como nueva lengua nacional y se establecieron nuevos mitos –la empresa colonizadora, la modernización y otros–, que fortalecían una nueva conciencia e identidad nacional.


3. ¿Por qué se toman como un ataque íntegro los palestinos el asedio a sus mezquitas por las fuerzas israelíes?

El problema central radica en que los últimos cambios en las administraciones israelíes no modificaron la postura del “Gran Israel” expansivo, que dirige tres políticas hacia Palestina. Un Master Plan para judaizar Jerusalén, una desarabización. Segundo, un intento por anexar Cisjordania, aquí aparece la cuestión demográfica y de mayoría política, debido a que son casi siete millones de palestinos y de israelíes dentro del territorio que se corresponde con la Palestina del Mandato Británico. Esto se basa en un racismo estructural, semejante a lo visto en el “Black Lives Matter”. Y tercero, se apoya en una política de bloqueo e invasiones recurrentes hacia la Franja de Gaza desde 2006. Mientras tanto, aumentan el cercamiento de los bantustanes y el Muro, los puestos de control y las rutas que confiscan tierra y recursos, al tiempo que se subdivide a los diferentes poblados palestinos en Cisjordania.

En realidad, eso es el último detonante, pero la presión es cotidiana en todos los aspectos de los derechos humanos y está muy lejos de tratarse de un aspecto religioso. Es un factor, pero el político, social, económico, cultural y moral, pero más de opresión diaria es lo que fomenta el caldo de cultivo para una reacción palestina ante tanta violencia. Si ha habido intifadas desencadenadas por esas acciones, pero lo son en un marco de inequidad, de qué se intenta tratar de borra de los mapas y los diccionarios a los palestinos hace más de un siglo.

El pueblo palestino continúa en la lucha por su autodeterminación, más allá de si es posible la aplicación de una solución de un Estado binacional o de dos Estados. Sin dejar de ver la situación de ocupación que lleva décadas y se incrementa de manera sostenida, es una posibilidad que, las elecciones previstas para este año podrían reflotarse. Al mismo tiempo, se reconoce internacionalmente la aplicación de un apartheid sobre su población, pero eso aún no ha modificado sustancialmente su realidad.

Entre las formas de resistencia palestina y de solidaridad internacional hacia su causa, encontramos la campaña BDS, Boicot Desinversión y Sanciones (emparentado con el sudafricano), que se opuso a las declaraciones de la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto, para rechazar la asimilación entre la judeofobia (antisemitismo) como forma de racismo y el antisionismo, como rechazo a las políticas israelíes hacia los palestinos.

El repliegue de Estados Unidos es visible en algunos aspectos, como la retirada de Afganistán, o la posible de Irak, pero aún no podemos conjeturar como será su readecuación hacia toda la región. Lo que sí podemos observar es un cambio en el escenario de intervenciones militares que pueden mermar, de bases, de sanciones económicas como a Irán, y de alianzas como con Israel o Arabia Saudita, donde los actores regionales y las movilizaciones populares han influido. Esto no pudo evitar la destrucción de varios países desde Libia a Afganistán, con las consecuencias terribles para sus poblaciones y los refugiados que esto provocó.

Está por verse si Estados Unidos desmonta la maquinaria bélica desplegada en Medio Oriente por su conexión con el sostenimiento del dólar y porque a su vez busca intercalar la fuerza y el consenso con los subimperialismos de Turquía, Irán, Arabia Saudí más el rol coimperial de Israel; así como amedrentar a las potencias rivales. Los últimos 20 años de este nuevo imperialismo e intervención directa, se dividen a partir del despliegue chino al anunciar la Nueva Ruta de la Seda en 2013, que comienza una forma casi opuesta de hegemonía hacia la región, en otro tipo y tiempo de desarrollo.

Este nuevo escenario de caos sistémico, se va delineando desde la crisis capitalista de 2008 y la propuesta del “pivote asiático” de Obama, y con varios hechos incontrastables del desplazamiento geopolítico. Un eje triangular entre Rusia, Irán y China que en 2013 se opuso a las propuestas estadounidenses de bombardear Siria. En 2015, Rusia se ha involucrado de manera decisiva, con el apoyo tácito de China.

Los cambios operados y visibles en la última década, muestran que la “asiatización” económica va disputando poder con dos representantes de la tríada, Europa Occidental y Japón, y por un declive relativo estadounidense en varios indicadores económicos. Los últimos movimientos tectónicos denotan la importancia del Índico y el Pacífico, frente a la preeminencia anterior del atlántico; si reparamos, por ejemplo, en los puertos con mayor actividad del mundo.

Israel (la potencia americana le asegura una “ventaja militar cualitativa” en la región) junto con Arabia Saudita (sostén del petrodólar), apuntalan las políticas anglo-estadounidenses hacía la región. Estas se dirimen entre una posición “globalista” que apoyaría una pacificación, y otra “americanista” que persiste en la propuesta guerrerista, junto con el manejo de la OTAN y con reflotar el QUAD (alianza entre Australia, Japón, India y Estados Unidos) y ahora el AUKUS (Australia, Reino Unido, EE.UU.). El espacio post-soviético es medular en la competencia mundial por las zonas de influencias y por los recursos. Bajo la OTAN, la alianza anglo-estadounidense procura cercar militarmente a la URSS y luego a Rusia. De todas maneras, el empantanamiento de Estados Unidos en Asia central y Medio Oriente demostraría que la supremacía militar no se condice con los resultados de las intervenciones.

En el caso palestino en particular, la huelga general mostró una reunificación palestina entre sus diferentes realidades geográficas (Cisjordania, Franja de Gaza, Jerusalén Este, el propio Israel, o los países limítrofes Siria, Jordania y Líbano), que puede marcar un nuevo curso en su sociedad. Aunque habría que ver cómo puede esto resolver una situación, que, con el paso del tiempo, y este es un elemento central, ha empeorado. Eso se evidencia tanto con el crecimiento de las colonias de asentamiento como con la ley israelí de 2018 de un Estado Judío, que busca la supremacía y negar a los palestinos la incorporación a Israel, o los atributos de un Estado propio soberano.


4. ¿Sería correcto volver a las fronteras de 1993 con los Tratados de Oslo?

Lo interesante sería comenzar desde la educación y la acción a nivel mundial de Boicot, Desinversión y Sanciones, el BDS, más romper relaciones diplomáticas con Israel, generar el desmantelamiento del sistema de apartheid. Debemos diagnosticar para saber cuáles son las situaciones, dado el racismo estructural combinado con la colaboración e incrustación de Israel en el Complejo Militar Industrial de Estados Unidos y la OTAN, más ser eje en el plan de un “caos controlado” en Medio Oriente ampliado, el punto es erosionar y debilitar ese sostén, el estadounidense, el verdadero y acuciante problema.

La realidad social y política palestina se fracturó en tres planos (algunos consideran cuatro, con Jerusalén Este): en Cisjordania y Gaza, en el interior de Israel y en el exterior de la Palestina histórica (refugio y emigración). Estas tres dimensiones, si bien poseen particularidades, no han estado aisladas unas de otras y se han influido. Para los palestinos conforman de una misma realidad y cualquier palestino tiene a sus familiares dispersos en estos tres mundos. En otras palabras, las tres esferas de la ocupación israelí sobre Palestina están interrelacionadas y son indisociables. 

Primero, la cuestión de los refugiados se trata de los expulsados de sus pueblos y obligados al exilio. Segundo, los que permanecieron en los territorios palestinos –dos décadas bajo control jordano (Cisjordania) o egipcio (la Franja de Gaza)–, después ocupados por Israel en 1967. Y tercero, los que continuaron en el interior de Israel y recibieron la ciudadanía israelí. Si bien puede que este último grupo haya aprovechado el ser israelíes en lo político, lo social y lo económico, lo cierto es que debieron soportar un régimen semejante al apartheid por no ser judíos, ser sospechosos de deslealtad o ser vistos como una quinta columna palestina. De ser ciento cuarenta mil en 1949 pasaron a más de un millón y medio en la actualidad (20% de la población israelí). Al ser marginados, los palestino-israelíes reivinidicaron su identidad palestina y una política que liga el fin de la discriminación y el acceso a una ciudadanía plena en Israel con la resolución de la cuestión general. Es decir, consideraron su situación emparentada al conflicto y pensaron que, ante su resolución, el establishment judío asumiría su integración en Israel.

Los palestinos en Cisjordania, Gaza e Israel están unidos en su lucha por sobrevivir, en el sufrimiento y la pérdida. Aquellos de la diáspora han intensificado el compromiso con su patria y demandan una voz en la búsqueda de una solución. La percepción se centra en la ocupación israelí de Cisjordania y Gaza, y en los esfuerzos palestinos por establecer un Estado allí, así, se reduce a una de sus dimensiones. Esta empresa colonial europea tuvo como particularidad que el sionismo no representaba un Estado en sus inicios. Después de 1948, dispuso de uno en su confrontación con la población autóctona palestina y sus vecinos árabes.

Una representación sesgada ha sido como comunidad tradicional y premoderna, que también se infundió sobre los demás palestinos desde el grueso de la intelectualidad occidental. Por lo tanto, ellos conservarían identidades múltiples: israelí, árabe, palestina, musulmana; compatibles entre sí, pero no exentas de tensiones. La nueva identidad judía israelí presentada como superación de sus culturas diaspóricas de origen y su crisol tampoco ha sido una construcción monolítica y lineal.

El caso de los palestinos se asemeja al de los armenios en el negacionismo. Por lo tanto, los israelíes en ese sentido se parecen a los turcos y a los sudafricanos. En el negacionismo turco, el leit motiv fue: un pueblo, una raza, una religión; o sea, “somos turcos, hablamos turco y somos musulmanes”. A su vez, en el caso israelí, se buscó la homogeneidad de un Estado judío. La herramienta del paradigma colonial de ocupación y la analogía del apartheid contribuiría con el desbloqueo del proceso de paz y posibilitaría un paso más hacia una resolución. Un nacionalismo es opresor (Israel), el otro es el nacionalismo de los oprimidos (Palestina). Son una identidad nacional pese a los que lo contradijeron. Probablemente sea uno de los casos más importantes de lucha nacional, pero que, a su vez, resulta ser uno de los más controvertidos. 

Si bien los palestinos se formaron en la resistencia, su especificidad se produjo en la diáspora, algo que de manera paradójica, se emparenta con varias diferencias con el caso israelí. Se reconfiguraron, los exiliaron, pero no se hicieron jordanos ni sirios ni libaneses. A su vez, se definieron como árabes (panárabes en un periodo) y están conectados a una identidad musulmana y al haber sido oprimidos por el imperio otomano. 

Es una nación, son árabes y al mismo tiempo palestinos. Pasaron de ser una protonación a una nación forjada, mediante la elección de ciertos símbolos: la resistencia, la OLP y su carta orgánica, su pedido de un Estado laico democrático. Son una identidad nacional que se diferencia de los demás árabes. Los árabes son en algún sentido una nación, pero no llegaron a conformarse como un Estado, pese a intentos como la República Árabe Unida (RAU, 1958-1961), que se reorganizó en Estados-nación particulares.

Cuando un palestino nace en un campo de refugiados del exterior es considerado palestino. No son solo nación superpuesta, se parece a la situación de un pueblo desplazado por un colono. Por su parte, el palestino-israelí tiene dos nacionalidades.


5. ¿Quién es el historiador israelí Ilan Pappé? Fue quién hizo el prologó de tu libro.

Ilan Pappé (Haifa, Israel, 7 de noviembre de 1954) es un profesor de historia en la Universidad de Exeter, Reino Unido, codirector del Centro Exeter de Estudios Etno-Políticos y activista político. Anteriormente fue profesor de ciencias políticas en la Universidad de Haifa (1984-2007) y director del Instituto Emil Touma de Estudios Palestinos de Haifa (2000-2008). Es autor de libros como La limpieza étnica de Palestina (2006), El Oriente Medio moderno (2005), Una historia de la Palestina moderna: una tierra, dos pueblos (2003) y Gran Bretaña y el conflicto árabe-israelí (1988). Fue también uno de los fundadores de la coalición Hadash.

Se trata de uno de los denominados «Nuevos Historiadores» israelíes quienes, a partir de la desclasificación de documentos en la década de 1980 por parte de los gobiernos del Reino Unido, Estados Unidos e Israel, han tratado de revisar la historia moderna del Estado de Israel, criticando el sionismo desde puntos de vista muy controvertidos para gran parte de la sociedad israelí. En particular, Pappé defiende en sus escritos que la salida de 700.000 palestinos del antiguo mandato británico durante la Primera Guerra árabe-israelí fue llevada a cabo de forma intencionada por el Yishuv y más tarde por el ejército israelí, siguiendo un plan elaborado por los futuros líderes israelíes antes de la guerra, en 1947, el llamado Plan Dalet o Plan D. En distintas declaraciones se ha mostrado radicalmente en contra de la creación del Estado de Israel, culpándole de la falta de paz en Oriente Medio, argumentando que el sionismo es más peligroso que la militancia islámica y llamando en ocasiones a un boicot académico contra las universidades israelíes.

Pappé es defensor de la creación de un único Estado secular en la región histórica de Palestina en el que convivan tanto árabes como judíos. Su trabajo ha sido tanto apoyado como criticado por otros historiadores, generando importantes controversias en Israel. Antes de que abandonase el Estado hebreo en 2008 fue denunciado en la Knesset, un ministro de educación pidió públicamente su cese, su fotografía apareció en un periódico en el centro de un punto de mira y recibió varias amenazas de muerte. Actualmente reside en el Reino Unido.


6. ¿Qué es es el Grupo Especial “Palestina y América Latina” del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO)?

El Grupo Especial Revista Al Zeytun/CLACSO Palestina y América Latina se acaba de conformar en 2019 como una necesidad imperiosa. Surge a partir del Grupo de Trabajo Medio Oriente y América Latina, para dar mayor visibilidad a la «Cuestión Palestina» y a las formas de resistencia en común con otros pueblos.

Pretende pensar los distintos elementos epistémicos desde el Sur y la manera en que desde esta región podríamos contribuir para proponer una solución justa, sostenible y basada en el derecho internacional para la situación palestina y de otros colectivos en circunstancias similares. Nuestro grupo además fortalecerá el Programa Sur-Sur impulsado desde CLACSO, y articulará con otros Grupos de Trabajo. La intención fundamental es estimular las relaciones entre Palestina, el Mediterráneo, Sudamérica y el Caribe, así como también otros países y regiones. A partir de las distintas líneas de investigación, de los aportes conceptuales (por ej. definiciones de apartheid, resistencia/re-existencia, colonialismo, colonialidad/decolonialidad) es que mejoraría el conocimiento de la realidad Palestina y de otras problemáticas. Es por ello que, mediante el diálogo académico, la cooperación y el pensamiento crítico, a través de las conclusiones y su difusión, esto refractaría en la promoción de una política para lograr la paz.

Lo coordinamos Martín Alejandro Martinelli por el Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe – IEALC/UBA Argentina, Jorge Ramos Tolosa,Grupo de Investigación STAND (South Training Action Network of Decoloniality) – STAND, España, Moisés Garduño García, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales – FCPyS/UNAM México.

Hemos propuesto y se ha aprobado lo siguiente en la Asamblea de CLACSO de 2022, a los más de 800 centros miembros, los grupos de trabajo y cada integrante.

Llamamos a repudiar las violaciones de los derechos humanos palestinos, desde el Estado israelí, a través de su ejército, su policía y sus colonos armados, basada en un racismo estructural anclado en el odio a los árabes y a los palestinos, principalmente. Seguimos la propuesta de la sociedad civil palestina (desde el 2005) para el Boicot, la Desinversión y las Sanciones (BDS) contra Israel, cuyo propósito es finalizar la ocupación de Palestina.

La gran mayoría de las instituciones culturales israelíes constituyen el andamiaje ideológico e institucional del régimen de ocupación, colonialismo y apartheid contra el pueblo palestino, y contra cualquiera que se atreva a defender su causa. Explícita o implícitamente se han aliado con el Gobierno israelí, más allá de los esfuerzos para moderarlo que hacen muchos intelectuales a título individual. Así, tales instituciones apoyan o dan cobertura al colonialismo de ocupación de Israel y el apartheid, como bien lo han puesto de manifiesto organizaciones como Human Right Watch, B´tselem, Laboratorio de Derechos Humanos de la Facultad de Derecho de Harvard, estudio consultivo de la ONU, Amnesty, entre otras.

Como intelectuales críticos de CLACSO alzamos nuestra voz para repudiar, también, la actitud de las dirigencias de las instituciones culturales y universidades israelíes que profundizan la discriminación contra el pueblo palestino.

Anexo

Declaraciones y adhesiones desde el Grupo Especial de CLACSO Revista AlZeytun/Palestina y América Latina (2019-2022) en sus direcciones de internet

https://www.clacso.org/el-antisemitismo-es-racismo-y-el-antisionismo-esanticolonialismo/

https://www.clacso.org/declaracion-de-jerusalen-sobre-el-antisemitismo/

https://www.clacso.org/apoyo-al-pueblo-palestino-contra-los-crimenes-sionistasisraelies-y-por-la-inmediata-liberacion-de-juana-ruiz-sanchez-secuestrada-por-israeldesde-el-13-de-abril/

https://www.clacso.org/declaracion-del-grupo-especial-palestina-y-america-latinacontra-la-anexion-de-cisjordania/

https://bdsmovement.net/es/news/mas-de-220-academicosas-de-america-latinarechazan-lazos-con-el-apartheid-israeli

https://www.clacso.org/en/categoria/grupos-de-trabajo/grupos-especiales/grupo-especial-revista-al-zeytun-clacso-palestina-y-america-latina/


6. Los sionistas hablan de volver a la “tierra de Sión” ¿Se puede expandir esta “tierra de Sión” hacia Egipto, Siria, Libano...?

En las teorías del Gran Israel intentan legitimar los intentos de judaizar Jerusalén. La percepción de Eretz Yisrael como conjunto total se manifestó en el Movimiento de la Gran Tierra de Israel, una organización laica de élite. La premisa representó dos factores: un concepto territorial y una ideología, cuyo objetivo radicó no solo en conquistar el máximo territorio posible, sino también en el dominio coimperial (con la potencia estadounidense) de la región. Los investigadores israelíes especialistas en estudios bíblicos usufructuaron un repertorio de términos y frases para la región de Palestina y su periferia tales como: “Judea y Samaria son el núcleo central de la nación israelita” principal en 1967; además de “Eretz Yisrael”, “la bíblica Tierra de Israel”, “Gran Israel”, “la Gran Tierra de Israel”, “la tierra donde las tribus israelitas tuvieron sus asentamientos”, “la tierra prometida”, “la tierra de la Biblia” y “la Tierra Santa”.

El término Eretz Yisrael aparece una sola vez en la Torá (Samuel, 1 13:19) y no existe mapa histórico, ni religioso de la extensión y las fronteras de la “Tierra de Israel”. Y aunque hubiese uno, en la época contemporánea no sería fundamento para demandar aquel territorio unos dos mil años después. Pese a esto, a la “Tierra de Israel” y a otras referencias bíblicas se las invistió de connotaciones históricas e ideológicas de un alcance trascendente tanto en la retórica israelí como en la cultura occidental. De acuerdo con esa percepción, las escrituras religiosas proporcionarían a los judíos el título de propiedad que les permitió extenderse por toda la “Tierra de Israel”, eso les concedería una supuesta legitimidad moral para la implantación de su Estado y el colonialismo de asentamiento implementado. 

La relación entre las conquistas territoriales israelíes y la Torá se reflejó en un personaje laico como David Ben-Gurión cuando afirmó “que la Biblia constituye el sacrosanto título de propiedad de los ‘judíos’ respecto a Palestina […] con una genealogía de 3.500 años”. En la Torá los mapas no están delimitados, sino que se trata de poblaciones con fronteras difusas y dinámicas, muy diferentes al control ejercido por un Estado-nación moderno. Los límites trazados en los protectorados británicos del siglo XX son los que ambas poblaciones han reclamado. 

Los políticos israelíes sostuvieron un doble estándar al enaltecer sus libertades públicas, mientras transgredieron los derechos en Palestina. Se resaltó la tolerancia religiosa del Estado de Israel de carácter confesional y explotó su texto sagrado para refrendar sus ampliaciones territoriales. Los movimientos de colonización como el sionista explotaron la Biblia como documento de legitimación de sus conquistas contra pueblos para los que ese texto no tenía la misma autoridad. La aplicación de la cosmovisión de dicha obra a un pueblo que no la aprehendía como una categoría de autoridad es un ejemplo de imperialismo político y religioso (Prior, 2005: 256). El general israelí Moshe Dayan, considerado héroe de la guerra de 1967 en su país, manifestó el sueño imperial de un Gran Israel en su libro, A New Map, Other Relationships, en 1969, lo cito textual: 

“No hemos abandonado nuestro sueño y no hemos olvidado nuestra lección. Hemos vuelto al monte, a la cuna de nuestro pueblo, a la heredad del Patriarca, la tierra de los Jueces y la fortaleza de la Casa de David. Hemos vuelto a Hebrón (Al-Khalil) y Schem (Nablús), a Belén y Anatot, a Jericó y a los vados del Jordán en Adam Hair.”

El pensamiento imperial israelí conservó su estrategia de “alianza de minorías” para acordar con los grupos minoritarios de la región. Su preferencia en Medio Oriente no era la preeminencia árabe o musulmana, al contrario, pretende una zona de diversidad étnica, religiosa y cultural; evitar la posibilidad del panarabismo o una unión del mundo árabe. Robustecer las diferencias como los persas, los turcos, los kurdos, los judíos y los cristianos maronitas del Líbano; incursionar en los asuntos internos de los países árabes al pactar con dichas minorías étnicas o religiosas. Este pensamiento expansionista discurre en consonancia con la expansión territorial y la expulsión de la mayoría de los palestinos de la Franja de Gaza y Cisjordania.

Los fundadores tanto del sionismo como del Estado de Israel, en su mayoría, desconocían indiferentes a la religión. Sin embargo, posteriormente, usufructuaron los relatos bíblicos como sustento ideológico para obtener apoyo internacional y para intentar legitimar sus colonizaciones ulteriores. En esto ayudó el sentimiento de culpa europea por los crímenes nazis de la Segunda Guerra Mundial. Con posterioridad a 1967, pasó de la aspiración secular sionista herlziana de fundar un “Estado judío” soberano a la misión apocalíptica de redimir la “Gran Tierra de Israel”. El movimiento colonizador del Gush Emunim (el Bloque de los Fieles) representó este cambio progresivo en las ideas, y en las últimas décadas el viraje hacia esas políticas se intensificó.


7. Comentaste en una entrevista que esta batalla no solo se trata de nacionalismos o religión ¿Se esta volcando ahora la lucha del pueblo palestino a un auge de internacionalismo como en la guerra civil española, los voluntarios del Donbass...?

Esto es reflejo de la reconfiguración del sistema mundial. Tres factores del tablero global contextualizan este nuevo derramamiento de sangre. La influencia de EE.UU. y su declive relativo en Medio Oriente, más el desgaste del conflicto en Ucrania, el poderío de China y su alianza con Rusia. influencia de EE.UU. y su declive relativo en la región y en Medio Oriente. Por eso es crucial comprender la importancia de analizar el contexto regional y las implicaciones geopolíticas de esta cuestión.

Si bien esta violencia es cíclica, muestra cómo cambió el mundo sobre todo desde 2013-2014. Estamos ante una crisis de largo plazo de Estados Unidos, un declive relativo en varios aspectos económicos, así como mantiene primacía financiera y en tecnología, está siendo puesta en cuestionamiento su hegemonía mundial. Se orienta con el “pivot asiático” desde Obama en 2011, previo al 2013 de la Franja y la Ruta, y al freno de Rusia y China a la inminente destrucción de Siria que hubiese sido el corolario de las destrucciones de Iraq (1991 y 2003), Afganistán (2001), Libia (2011). Entonces, retrocede en algunos lugares clave como Medio Oriente, donde China y Rusia avanzan.

Estados Unidos en su estrategia de no ceder aún más su primacía, viene usando su expansión e intervención militar. Tres zonas de tensión se erigen como principales y una cuarta, Europa del este con Ucrania-Rusia y el llamado Medio Oriente, Israel-Irán, y Taiwán en el Asia Pacífico con China, además la zona del Sahel muy revolucionada por movimientos emancipadores o de una “segunda oleada de independencias” podríamos catalogar, al menos en el África atlántica.

El esquema de violencia simbólica y material a nivel mundial, desde 1945 sobre todo, se acrecentó en el 2001, con lo que ellos denominaron la “guerra contra el terrorismo”. Ahora se está tratando de renovar en esta reconfiguración del sistema mundial, con el ascenso del poder chino acompañado de la alianza estratégica con Rusia, a los que se suma Irán.

Ucrania como eje confrontativo está más erosionado. Se añade un proceso de desdolarización incipiente por la planificación al respecto de los grandes poderes emergentes que buscan de esa manera equilibrar el poder mundial, y sortear el arma de las sanciones económicas estadounidenses como sucedió con Rusia o Irán. Se reconfigura el sistema mundial también por los diez años de la “Franja y la Ruta”. Tenemos ejes de tensión en esas rutas y la reconciliación entre Arabia Saudita e Irán. Es un error analítico observar sólo lo que sucede en Palestina-Israel y disociarlo de su contexto regional y mundial.

La clave es la ampliación del BRICS+ (más las elecciones de Estados Unidos en 2024) a once países: Egipto, Etiopía, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita e Irán (más Argentina). Conforman un nuevo eje de acercamiento a Eurasia, de aumento de la producción del petróleo y los pasos geoestratégicos a nivel mundial que surcan la región como el Canal de Suez, los Estrechos de Bab el-Mandeb y el de Ormuz. A excepción de Rusia, son países colonizados o semicolonias de las potencias del G7 en los siglos recientes.


8. ¿La lucha del pueblo palestino recuerda las luchas anticolonialistas de siglos pasados?

La resistencia palestina tomó influencias estratégicas e ideológicas de los modelos tercermundistas e izquierdistas. Esos movimientos independentistas, de revolución socialista o de intransigencia a la injerencia estadounidense, fueron, en primera instancia, Argelia, luego Vietnam, Cuba y China. Si bien estos países tuvieron el patrón de no ser pro-soviéticos en su totalidad, lo cierto es que se posicionaron en la vereda opuesta a los intereses estadounidenses. Por lo tanto, su perfil estaba más emparentado con la era de la descolonización y el llamado Tercer Mundo. Sin embargo, la OLP explotó todas sus potencialidades políticas y militares, dentro de ciertos límites.

A su vez, el movimiento no contó con paradigmas precedentes que pudieran ser aplicables de forma efectiva a su realidad. Esto significa que dichos modelos no se asemejaban a la situación palestina como para aplicar sus mismos arquetipos de emancipación nacional. La concepción anterior de la meta de independencia –la eliminación de la presencia sionista de Palestina histórica– se reformuló en 1969 con el concepto complementario de un “Estado democrático laico”, que reemplazaría al exclusivista de las administraciones israelíes. 

Desde 1967, los palestinos han asociado su lucha con lo acontecido en Vietnam, Argelia, Cuba y el África negra. Esta innovación de la perspectiva se debió tanto al incremento de una conciencia política mundial como a la lucha universal contra el colonialismo y el imperialismo. Lo desmedido de la injerencia de las potencias en la zona, más las disputas generadas por la Guerra Fría –contexto regional y mundial– influyeron en la cuestión de Palestina. Por consiguiente, debemos analizar en qué medida lo ha hecho cada factor. A nivel internacional, los Estados Unidos junto con Israel y, en menor medida Jordania, impugnaron de manera constante que se pudiese establecer un Estado palestino independiente. 


9. ¿La mujer palestina tiene papel en la lucha contra Israel o esta tapada por el fundamentalismo islámico?

El movimiento palestino muestra una diversidad de enfoques y de movimientos dentro del campo político. El imaginario de género predominó en los discursos de los países, así como la nación fue descripta como una mujer. La patria se imaginó como un cuerpo femenino fértil que podría ser objeto de la arbitrariedad de los invasores. Por un lado, las mujeres a través de sus funciones biológicas regeneran el Estado. Por otro lado, los hombres son vistos como fundadores honoríficos de la nación que encaja con el honor de sus mujeres. Los cuerpos femeninos traen al mundo los ciudadanos y engendran la nación. Las madres y viudas llevan la bandera que ha caído en manos de sus hijos y maridos heroicos. Los símbolos de género –los cuerpos, la vestimenta y el proceder de las mujeres– se transformaron en señas sustanciales de las culturas nacionales.

Desde el punto de vista “occidental”, existe la noción de que las mujeres palestinas aparecieron en escena con la denominada primera Intifada. Sin embargo, desde principios del siglo XX, ellas pelearon junto con su pueblo contra la colonización. En la etapa de 1950 a 1989, se produjo el auge del movimiento de las mujeres que derivó en su participación en la rebelión generalizada de 1988-1992.

El Congreso de Mujeres Árabes de 1929 en Jerusalén inició su activismo político en una organización concreta, en el contexto de la lucha nacionalista. La mujer pasó de preservar el tejido social a ser un actor político principal. Desde los sucesos de 1948 y 1967, la sociedad reorganizó los fundamentos de un movimiento popular de resistencia. A partir de eso, el activismo de las mujeres modificó las imágenes de género en las que el varón combatiente era visto como el libertador de la nación y un símbolo central en la construcción del nacionalismo palestino, como puede verse en el poster del anexo. Asimismo, la Unión General de Mujeres Palestinas (GUPW, por su sigla en inglés) fundada en 1965, agrupó a las organizaciones de mujeres. Este organismo trabajó con un doble cometido tanto por los derechos femeninos como por la lucha nacional y la construcción del Estado. Gran cantidad de estudios recientes focalizan en estos aspectos.

La participación en las actividades guerrilleras era la principal fuente de legitimidad política. La fida´i (combatiente) Leila Khaled fue un símbolo de la lucha armada por la liberación de Palestina, integrante del FPLP, apareció en la fotografía5 después del secuestro de un avión en 1969. El anillo en su dedo está hecho de un pasador de granada y una bala. Esta mujer revolucionaria tuvo un perfil notorio como militante palestina y llegó al conocimiento del público internacional en 1969. Como integrante de Septiembre Negro, en ese mismo año participó en el secuestro de un vuelo que desviaron a Damasco; y en 1970, lo hizo en el secuestro múltiple de cuatro aviones, fue detenida y liberada 28 días después en un intercambio de prisioneros.

La mujer tiene un rol fundamental, cómo en todas las sociedades. Claro existe el debate si primero está la liberación femenina o nacional, pero en semejante ocupación e intento de limpieza étnica, las mujeres, hombres, adultos y niños se suman a la resistencia, violencia y pacífica de “existir es resistir”, en árabe sumud.

En 1969, L. Khaled se convirtió en la primera mujer del mundo en secuestrar un avión y en la figura icónica de la militancia palestina. Los contrastes entre su femineidad y su postura combativa atrajeron la atención mundial. Su fotografía tomada ese año por Eddie Adams, con la cabeza envuelta en un kufiya, casi ezbozando una sonrisa mientras empuña su Kalashnikov, adquirió un estatus emblemático de la resistencia palestina. Esa imagen, difundida a través de las agencias de noticias internacionales, la propulsó a convertirse en un prototipo revolucionario, semejante a la imagen y representatividad del “Che” Guevara.

La experiencia y la visión de los palestinos variaron según las diferencias de clase, generación y región de origen. Las historias de la identidad de los refugiados en Líbano y en Jordania, Siria y en el interior, o de aquellos residentes en Israel, se retroalimentaron entre sí para unir cada cosmovisión particular. No obstante, la tierra fue el componente por excelencia, a nivel simbólico y material, como lo denota el Día de la Tierra, la figura del felahin, las luchas por el derecho al retorno y la presencia de aquella forma del mapa representada en sus manifestaciones culturales. Ellos no sintieron pertenencia en los países donde se refugiaron y así mantuvieron la esperanza de regresar a sus hogares, tal como lo demuestra el resguardo de sus antiguas llaves.

Los residentes de los campamentos y los cuadros de la Resistencia manifestaron los matices como el lugar de origen se aprecia en las particularidades de la preparación de alimentos, el acento, las costumbres, la residencia real y las memorias locales. En segunda instancia, la clase de origen –si fue propietario de la tierra urbana o rural, o sin tierra–, escolarizado o analfabeto. La división de clases urbana/rural se repitió en los campamentos de residencia, así como la integración o no en la sociedad libanesa. Esto incidió tanto en las relaciones al interior de los campos como, por ejemplo, en los matrimonios. En tercera instancia, las huellas de las actitudes políticas pre Nakba aún existían en la década de 1960, como la oposición a los partidos políticos en general, distinto es el caso de palestinos exiliados en otras latitudes que no trataremos aquí por cuestiones de espacio.

La creciente independencia de la política palestina en los territorios repercutió en la difícil relación con Jordania. Desde 1970, ese reino y la OLP disputaron el derecho de representar a los habitantes de Cisjordania y la Franja de Gaza. En los campos de refugiados, durante las décadas de 1970 y 1980, crearon una serie de metáforas de identidad de las experiencias individuales y colectivas. Transitaron por diferentes fases, el tiempo de la resistencia de 1968 a 1982 (desde la invasión israelí hasta la OLP en Líbano) y la fase posterior desde 1982 hasta la intifada. Sus consecuencias se vincularon al “ascenso y la caída” de la OLP, y a la dialéctica entre las poblaciones del interior y la diáspora.

Los refugiados palestinos en Cisjordania rechazaron el estereotipo de víctimas. Dicha actitud y el derecho de retorno fueron dos de los referentes más importantes, así como también, la organización social en la vida cotidiana en los campos de refugiados. Los refugiados celebraban su condición, puesto que el movimiento de la Resistencia restauró su identidad como palestinos después de dos décadas de ser alienados bajo la etiqueta de “refugiados”. Su identidad y su experiencia se consolidaron a través del trabajo humanitario, el uso de prácticas espaciales y las conexiones con sus lugares de origen. 

En los campos, proliferaron entre los jóvenes una nueva religiosidad: la oración y la asistencia a la mezquita, la invocación de Alá, el uso de determinadas vestimentas por las mujeres. Este retorno pendular al islam en el período posterior a 1982, conformó una opción identitaria crítica de un nacionalismo secular frustrado. Ellos lo percibieron como una reacción a la derrota de 1982, aunque, si bien el nivel religioso de su identidad aumentó, lo cierto es que la palestinidad cambió en su forma.