martes, 29 de julio de 2014

Diez mitos sobre el conflicto palestino-israelí


Mito 1: Judíos y árabes han estado siempre en conflicto en la región

Aunque los árabes eran mayoría en la Palestina anterior a la creación del estado de Israel, allí siempre hubo judíos. En su mayor parte, los palestinos judíos se llevaban bien con sus vecinos árabes. Esto empezó a cambiar con la aparición del movimiento sionista, porque los sionistas rechazaron el derecho de los palestinos a la autodeterminación y querían que Palestina fuera suya para crear un “estado judío” en una región donde los árabes eran mayoría y poseían la mayor parte de las tierras.
Por ejemplo, después de una serie de disturbios en Yafa (Jaffa) en 1921, en los que murieron 47 judíos y 48 árabes, el ocupante británico realizó una investigación y llegó a la conclusión de que “no hay antisemitismo inherente en el país, sea racial o religioso”. En realidad, los ataques contra las comunidades judías fueron el resultado de los temores árabes por el objetivo declarado de los sionistas de apoderarse del territorio.
Cuando la violencia estalló de nuevo en 1929, el informe de la comisión Shaw, británica, observó que “en menos de diez años, los árabes han llevado a cabo tres ataques serios contra los judíos. En los 80 años anteriores a estos ataques, no hubo ningún caso registrado de incidentes similares”. Representantes de todas las partes del conflicto emergente testificaron ante la comisión que antes de la Primera Guerra Mundial, “judíos y árabes vivían juntos, si no de forma amistosa, al menos con tolerancia, una cualidad que es casi desconocida en la Palestina actual”. El problema es que “el pueblo árabe de Palestina está unido en la actualidad en su demanda de un gobierno representativo”, pero los sionistas y sus benefactores británicos les niegan ese derecho.

El informe británico Hope-Simpson de 1930 señaló, de forma similar, que los residentes judíos de las comunidades no sionistas de Palestina tenían relaciones de amistad con sus vecinos árabes. “Es bastante habitual ver a un árabe sentado en el porche de una casa judía”, decía el informe. “La situación es completamente distinta en las colonias sionistas”.

Mito 2: Naciones Unidas creó el estado de Israel

Naciones Unidas se vio implicada cuando el Mandato Británico trató de lavarse las manos ante la volátil situación que sus políticas habían ayudado a crear y buscó librarse de Palestina. Para ello, solicitaron que Naciones Unidas tomara cartas en el asunto.
Así las cosas, se creó una Comisión Especial de la ONU sobre Palestina (UNSCOP) cuya misión era examinar la cuestión y ofrecer sus recomendaciones para resolver el conflicto. La UNSCOP no tenía ningún representante de ningún país árabe y, al final, emitió un informe que rechazaba explícitamente el derecho de los palestinos a la autodeterminación. Al rechazar la solución democrática del conflicto, la UNSCOP propuso que Palestina fuera dividida en dos estados, uno árabe y otro judío.
La Asamblea General de la ONU apoyó a la UNSCOP en su Resolución 181. Se afirma a menudo que esta resolución “particionó” Palestina o que proporcionó a los líderes sionistas un argumento legal para su subsiguiente declaración de la creación del estado de Israel o alguna variante de estas afirmaciones. Todas estas alegaciones son falsas.
La Resolución 181 se limitó a ratificar el informe y las conclusiones de la UNSCOP en tanto que recomendaciones. Huelga decir que para que Palestina hubiera sido oficialmente dividida, esta recomendación debería haber sido aceptada por judíos y árabes, algo que no sucedió.
Por otra parte, las resoluciones de la Asamblea General no se consideran legalmente vinculantes (solo las resoluciones del Consejo de Seguridad lo son). Y además, la ONU no tenía ninguna autoridad para tomar el territorio de un pueblo y entregárselo a otro, y cualquier resolución que estableciera tal partición habría sido nula en cualquier caso.

Mito 3: Los árabes perdieron una oportunidad de tener su propio estado en 1947

La recomendación de la ONU para la partición de Palestina fue rechazada por los árabes. Hoy muchos comentaristas dicen que este rechazo fue una “oportunidad” perdida para que los árabes tuvieran su propio estado. Pero caracterizar esto como una “oportunidad” para los árabes es patentemente ridículo. El plan de partición no fue de ninguna forma una “oportunidad” para los árabes.
En primer lugar, como ya se ha señalado, los árabes eran una gran mayoría en ese momento en Palestina, mientras que los judíos constituían aproximadamente una tercera parte de la población, y esto gracias a la inmigración masiva procedente de Europa (en 1922, por el contrario, el censo británico mostraba que los judíos representaban únicamente el 11 por ciento de la población).
Por otra parte, las estadísticas de propiedad de la tierra de 1945 mostraban que los árabes poseían más tierras que los judíos en todos y cada uno de los distritos de Palestina, incluyendo Yafa, donde los árabes poseían el 47 por ciento de las tierras y los judíos solo el 39 por ciento (Yafa se jactaba de ser el distrito con el mayor porcentaje de tierra propiedad de judíos). En otros distritos, los árabes poseían una porción todavía mayor de las tierras. El caso más extremo era el de Ramala, donde los árabes poseían el 99 por ciento de las tierras. En el conjunto de Palestina, los árabes poseían el 85 por ciento de las tierras, mientras que los judíos solo eran dueños del 7 por ciento, una situación que permaneció sin cambios hasta la creación del estado de Israel.
A pesar de estos hechos, la recomendación de partición de la ONU proponía que se entregara más de la mitad del territorio palestino a los sionistas para su “estado judío”. No era razonable esperar que los árabes aceptaran semejante propuesta injusta. Los comentaristas políticas señalan hoy que la negativa de los árabes a aceptar que parte de su territorio les fuera arrebatado, en base al rechazo explícito de su derecho de autodeterminación, representó una “oportunidad perdida”. Este juicio supone una asombrosa ignorancia de las raíces del conflicto o una falta de voluntad para examinar honestamente la historia.
También hay que señalar que el plan de partición fue rechazado por muchos líderes sionistas. Entre quienes apoyaron la idea, como fue el caso de David Ben-Gurion, su razonamiento fue que esto era un paso pragmático hacia su objetivo, que era conquistar la totalidad de Palestina para el “estado judío”, algo que podría conseguirse, finalmente, por medio de las armas.
Cuando se planteó por primera vez la idea de la partición, Ben-Gurion escribió que “después de que seamos una fuerza poderosa, como consecuencia de la creación del estado, aboliremos la partición y nos expandiremos a la totalidad de Palestina”. El estado judío “tendrá que preservar el orden”, si los árabes no se someten, “con ametralladoras, si fuera necesario”.

Mito 4: Israel tiene “derecho a existir”

El hecho de que este término se utilice exclusivamente en relación con Israel es instructivo en cuanto a su legitimidad, como lo es el hecho de que la demanda se dirija a los palestinos, que son quienes deben reconocer el “derecho a existir” de Israel, mientras que nadie exige a Israel que reconozca el “derecho a existir” de un estado palestino.
Las naciones no tienen derechos. Los tienen las personas. El marco adecuado para el debate es el del derecho de los pueblos a la autodeterminación. Desde este punto de vista, es algo evidente que no son los árabes los que han negado a los judíos ese derecho, sino los judíos los que han negado ese derecho a los árabes. La terminología israelí del “derecho a existir” es empleada constantemente para ocultar este hecho.
Como ya hemos dicho, Israel no fue creado por la ONU, sino que fue fundado el 14 de mayo de 1948 cuando los sionistas, unilateralmente y sin autoridad legal, declararon la existencia de Israel, sin especificar cuáles eran las fronteras del nuevo estado. En un instante, los sionistas declararon que los árabes ya no eran los propietarios de sus propias tierras; ahora pertenecían a los judíos. En otro instante, los sionistas declararon que la mayoría árabe de Palestina eran ahora ciudadanos de segunda clase en el nuevo “estado judío”.
No es necesario decir que los árabes no aceptaron pasivamente estos hechos sobre el terreno. Los países árabes vecinos declararon la guerra al régimen sionista con el fin de impedir una injusticia tan grave contra la mayoría de los habitantes de Palestina.
Hay que subrayar que los sionistas no tenían derecho a la mayor parte de las tierras que declararon formar parte de Israel. Ese derecho era de los árabes. Por consiguiente, esta guerra no fue, como se suele decir, un acto de agresión de los estados árabes contra Israel. En realidad, los árabes intervinieron en defensa de los derechos de la población árabe de Palestina, para impedir que los sionistas se apoderaran ilegal e injustamente de sus tierras y privaran de sus derechos a la población árabe. El acto de agresión fue la declaración unilateral de la creación de Israel por parte de los líderes sionistas y la violencia que estos ejercieron para imponer sus objetivos, tanto antes como después de esa declaración.
En el curso de la guerra que siguió, Israel puso en práctica una política de limpieza étnica. Alrededor de 700.000 palestinos árabes fueron expulsados de sus hogares o huyeron por temor a las masacres, tal como había ocurrido en el pueblo de Deir Yasin poco antes de la fundación del estado de Israel. A estos palestinos no se les ha permitido regresar a sus hogares y sus tierras, a pesar de que su “derecho al retorno” está reconocido y codificado en el derecho internacional.
Los palestinos nunca aceptarán la exigencia de Israel y de su principal benefactor, Estados Unidos, de que reconozcan el “derecho a existir” de Israel. Si lo hicieran, eso significaría que Israel tendría “derecho” a robar las tierras árabes, mientras que los palestinos no tendrían ningún derecho a ellas. Significaría, efectivamente, que Israel tenía “derecho” a la limpieza étnica de Palestina, mientras que los árabes no tenían derecho a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad en sus propios hogares y en sus propias tierras.
El uso constante del término “derecho a existir” en la actualidad tiene un propósito: ocultar la realidad de que son los judíos quienes han negado a los árabes su derecho a la autodeterminación, y no al revés, y tratar de legitimar los crímenes de Israel contra los palestinos, tanto los del pasado como los actuales.

Mito 5: Los países árabes amenazaron a Israel con la aniquilación en 1967 y 1973

Lo cierto es que fue Israel quien hizo el primer disparo en la guerra de los Seis Días. A primeras horas de la mañana del 5 de junio de 1967, Israel lanzó a sus soldados a un ataque sorpresa contra Egipto (entonces República Árabe Unida) y diezmó a la fuerza aérea egipcia mientras la mayoría de sus aviones estaban todavía en tierra.
Es prácticamente obligatorio que los comentaristas describan este ataque como “preventivo”. Pero para que hubiera sido “preventivo”, tendría que haber habido, por definición, una amenaza inminente de agresión egipcia contra Israel. Pero no la había.
Es algo habitual afirmar que la retórica belicosa del presidente Naser, el bloqueo de los estrechos de Tirán, el movimiento de tropas en la península del Sinaí y la expulsión de las fuerzas de pacificación de la ONU de su lado de la frontera constituían, en su conjunto, esa amenaza inminente.
Sin embargo, los servicios de inteligencia de EEUU y de Israel evaluaron en aquel momento que la probabilidad de que Naser atacara era realmente baja. La CIA consideró que Israel tenía una superioridad militar abrumadora y que, en el caso de una guerra, derrotaría a las fuerzas árabes en el espacio de dos semanas; y en una semana si Israel atacaba primero, que es lo que realmente ocurrió.
Hay que tener en cuenta que Egipto había sido víctima de una agresión por parte de británicos, franceses e israelíes en la “crisis de Suez” de 1956, después de que Egipto nacionalizara el canal de Suez. Los tres países agresores conspiraron para librar una guerra contra Egipto que dio lugar a la ocupación israelí de la península del Sinaí. Bajo la presión de EEUU, Israel se retiró del Sinaí en 1957, pero Egipto no había olvidado esa agresión.
Además, Egipto había formado una alianza con Siria y Jordania, un compromiso recíproco para ayudarse mutuamente en caso de guerra con Israel. Jordania había criticado a Naser por no cumplir esa promesa después del ataque israelí contra el pueblo cisjordano de Samu el año anterior, y su retórica fue un claro intento de recuperar su prestigio en el mundo árabe.
Naser estaba a la defensiva y no tenía la menor intención de lanzar una ofensiva contra Israel. Esto fue señalado por algunas personalidades israelíes. Abraham Sela, por ejemplo, del Centro Shalem, observó lo siguiente: “La acumulación de fuerzas egipcias en la península del Sinaí no obedecía a un plan ofensivo y las instrucciones defensivas de Naser asumían explícitamente que Israel golpearía primero”.
El primer ministro israelí Menajem Begin reconoció que “en junio de 1967, tuvimos una nueva oportunidad. La concentración de efectivos egipcios en las proximidades del Sinaí no demuestran que Naser estuviera realmente a punto de atacarnos. Tenemos que ser sinceros con nosotros mismos. Nosotros decidimos atacarle”.
Isaac Rabin, que también sería más tarde primer ministro de Israel, admitió en 1968 que “no creo que Naser quisiera la guerra. Las dos divisiones que envió al Sinaí no eran suficientes para lanzar una guerra ofensiva. Él lo sabía y nosotros lo sabíamos”.
Los israelíes han reconocido, también, que su propia retórica en ese momento sobre la “amenaza” de “aniquilación” que representaban los estados árabes era pura propaganda.
El general Chaim Herzog, comandante general y primer gobernador militar de la Cisjordania ocupada tras la guerra, admitió que “no había peligro de aniquilación, los cuarteles generales israelíes nunca creyeron que existiera ese peligro”.
El general Ezer Weizman dijo algo parecido: “Nunca hubo peligro de exterminio. Esta hipótesis nunca fue considerada en una reunión formal”.
El jefe del estado mayor, Haim Bar-Lev, reconoció: “No estuvimos amenazados de genocidio en vísperas de la Guerra de los Seis Días y nunca pensamos en esa posibilidad”.
El ministro israelí de la vivienda, Mordejai Bentov, ha reconocido también que “toda la historia del peligro de exterminio fue algo inventado y se exageró a posteriori para justificar la anexión de nuevos territorios árabes”.
En 1973, en lo que los israelíes han denominado “Guerra del Yom Kipur”, Egipto y Siria lanzaron una ofensiva sorpresa para recuperar el Sinaí y los Altos del Golán, respectivamente. Esta acción combinada es descrita popularmente en los relatos contemporáneos como una “invasión” de, o un acto de “agresión” contra, Israel.
Ahora bien, como ya hemos señalado, tras la guerra de junio de 1967, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la resolución 242, que pedía a Israel que se retirara de los territorios ocupados. No hace falta decir que Israel se negó a hacerlo y que ha seguido violando permanentemente el derecho internacional desde entonces.
Durante la guerra de 1973, Egipto y Siria “invadieron”, por tanto, sus propios territorios, que estaban entonces ocupados ilegalmente por Israel. La idea de que esta guerra fue un acto de agresión árabe presupone que la Península del Sinaí, los Altos del Golán, Cisjordania y la Franja de Gaza eran territorios israelíes. Esto es, evidentemente, un presupuesto groseramente falso que demuestra la naturaleza absolutamente perjudicial y tendenciosa de los análisis hegemónicos cuando se trata del conflicto árabe-israelí.
Esta falsa narrativa encaja con el relato más general, igualmente falaz, de Israel como “víctima” de la intransigencia y la agresión árabes. Esta narrativa, apenas cuestionada en Occidente, tergiversa completamente los hechos.

Mito 6: La resolución 242 del Consejo de Seguridad de la ONU solo pide una retirada parcial de Israel

La resolución 242 fue aprobada a raíz de la guerra de junio de 1967 y pedía la “retirada de las fuerzas armadas de Israel de los territorios ocupados en el reciente conflicto”. Aunque la versión israelí disfruta de gran popularidad, no tiene ninguna verosimilitud.
La tesis central de ese argumento es que la ausencia de la palabra “los” delante de “territorios ocupados” en esa cláusula significa que no se refería a “todos los territorios ocupados”. Básicamente, este argumento descansa en la ridícula lógica de que, puesto que el término “los” fue omitido en la cláusula, podemos entender que esto significa que se estaba pensando en “algunos territorios ocupados”.
Gramaticalmente, la ausencia del término “los” no tiene efecto alguno sobre el significado de esta cláusula, que habla de “territorios”, en plural. Un test decisivo es el siguiente: ¿es territorio lo que fue ocupado por Israel en la guerra de 1967? Si la respuesta es sí, entonces, según el derecho internacional y la resolución 242, se exige a Israel que se retire de ese territorio. Esos territorios incluyen los Altos del Golán sirios, Cisjordania y la Franja de Gaza.
La versión francesa de la resolución, tan auténtica como la inglesa, contiene el artículo determinado y una mayoría de los miembros del Consejo de Seguridad dejó claro durante las deliberaciones que su comprensión de la resolución era que requería a Israel la retirada completa de todos los territorios ocupados.
Adicionalmente, es imposible reconciliar [la versión israelí] con el principio del derecho internacional citado en el preámbulo de la resolución sobre “la inadmisibilidad de la adquisición de territorios mediante la guerra”. Decir que la ONU pensaba que Israel podía retener algunos de los territorios que ocupó durante la guerra sería ir en contra del citado principio.
Podríamos seguir abordando otras falacias lógicas asociadas con este frívolo argumento, pero como es absurdo a primera vista, sería superfluo hacerlo.

Mito 7: La acción militar israelí contra sus vecinos solo persigue defender a Israel del terrorismo

Los hechos dicen otra cosa. Tomemos, por ejemplo, la devastadora guerra israelí contra el Líbano de 1982. Como ha documentado extensamente el analista político Noam Chomsky en su épico análisis “The Fateful Triangle”, esta ofensiva militar fue llevada a cabo sin apenas excusa alguna.
Aunque se pueden leer relatos contemporáneos que insisten en que esta guerra se libró en respuesta al bombardeo constante del norte de Israel por parte de la OLP, que entonces estaba refugiada en aquel país, lo cierto es que, a pesar de las continuas provocaciones israelíes, la OLP respetó el alto el fuego en vigor, con unas pocas excepciones. Además, en cada uno de estos casos, fue Israel quien violó el alto el fuego en primer lugar.
Entre las provocaciones israelíes acaecidas a comienzos de 1982, tenemos los ataques y hundimientos de botes de pesca libaneses y las centenares de violaciones de las aguas territoriales libanesas. Israel cometió, también, miles de violaciones del espacio aéreo libanés, pero nunca consiguió provocar una respuesta de la OLP que sirviera como casus belli para la planeada invasión del Líbano.
El 9 de mayo, Israel bombardeó Líbano, lo cual provocó, finalmente, la respuesta de la OLP, que lanzó cohetes y disparos de artillería contra Israel.
A continuación, un grupo terrorista dirigido por Abu Nidal intentó asesinar al embajador israelí en Londres, Shlomo Argov. Aunque la misma OLP había estado en guerra con Abu Nidal, que había sido condenado a muerte por un tribunal militar de Fatah en 1973, y a pesar del hecho de que Abu Nidal no tenía sus cuarteles generales en el Líbano, Israel utilizó este hecho como excusa para bombardear los campos de refugiados de Sabra y Chatila, matando a 200 palestinos. La OLP respondió atacando asentamientos del norte de Israel. Pero el estado judío no consiguió provocar el tipo de respuesta a gran escala que estaba esperando utilizar como casus belli para su planeada invasión.
Como ha sugerido un estudioso israelí, Yehoshua Porath, la decisión israelí de invadir el Líbano, lejos de ser una respuesta a los ataques de la OLP, “procedía del hecho de que el alto el fuego había sido respetado”. Porath escribió en el diario israelí Haaretz que “la esperanza del gobierno es que la debilitada OLP, carente de una base logística y territorial, regrese al terrorismo anterior. […] De esta forma, la OLP perdería parte de la legitimidad política que había ganado […] y se conjuraría el peligro de que se desarrollaran entre los palestinos aquellos elementos que podrían constituir un negociador legítimo de futuros arreglos políticos”.
Otro ejemplo, en esta ocasión tomado de la operación Plomo Fundido, que se desarrolló entre el 27 de diciembre de 2008 y el 18 de enero de 2009. Antes de que Israel atacara a la asediada e indefensa población de la Franja de Gaza, Tel Aviv había llegado a un acuerdo de alto el fuego con el gobierno de Gaza, Hamas. En contra de lo que se cree, fue Israel y no Hamas quien puso fin al alto el fuego.
Los medios de comunicación occidentales dijeron que la operación Plomo Fundido fue la respuesta al lanzamiento de “miles” de cohetes por parte de Hamas contra territorio israelí, violando de esta forma la tregua.
La verdad es que, desde el inicio del alto el fuego en junio hasta el 4 de noviembre, Hamas no disparó ningún cohete, a pesar de las numerosas provocaciones israelíes, sus operaciones represivas en Cisjordania y los ataques de soldados israelíes contra gazatíes en la frontera, que causaron varios heridos y al menos un muerto.
El 4 de noviembre de 2008, Israel violó de nuevo el alto el fuego lanzando ataques aéreos y una incursión terrestre en Gaza que causó varios muertos. Hamas respondió, finalmente, con el lanzamiento de cohetes, que dio paso a continuos ataques de un lado y otro. La tregua había terminado.
A pesar de la evidente mala fe de Israel, Hamas ofreció reanudar el alto el fuego, cuyo periodo de vigencia terminaba oficialmente en diciembre. Israel rechazó la oferta y lanzó un violento castigo colectivo contra la población de Gaza.
Tal como señaló el Centro de Información de Inteligencia y Terrorismo de Israel, la tregua “trajo un periodo de calma relativa para la población del Neguev occidental”, con 329 ataques con cohetes y morteros, “la mayoría de ellos durante el mes y medio posterior al 4 de noviembre”, cuando Israel ya había violado y terminado de hecho la tregua. Esto contrasta abiertamente con los 2.278 ataques con cohetes y morteros de los seis meses anteriores a la tregua. Hasta el 4 de noviembre, señaló el centro, “Hamas se cuidó de mantener el alto el fuego”.
Si Israel hubiera querido mitigar la amenaza de los ataques de los militantes palestinos, no debería haber terminado el alto el fuego, que había supuesto una drástica reducción de este tipo de ataques, incluyendo la eliminación de todos los protagonizados por Hamas. Pero bien al contrario, Israel recurrió a la violencia, lo cual, como era fácilmente previsible, provocó una mayor amenaza de ataques de represalia a gran escala por parte de los grupos palestinos.
Por otra parte, aunque Israel pudiera decir que los medios pacíficos se habían agotado y que era necesario recurrir a la fuerza militar para defender a su población civil, eso no fue claramente lo que ocurrió. Al contrario, Israel atacó deliberadamente a la población civil de Gaza con ataques sistemáticos e intencionadamente indiscriminados y desproporcionados contra áreas residenciales, hospitales, escuelas y otros lugares que tenían población civil protegida por el derecho internacional.
Como observó Richard Goldstone, un respetado jurista internacional que encabezó la investigación de la ONU sobre la operación Plomo Fundido, los medios con los que Israel llevó a cabo esta operación no fueron consistentes con sus objetivos declarados, sino que fueron más indicativos de un acto deliberado de castigo colectivo contra la población civil.

Mito 8: Dios entregó esta tierra a los judíos, por tanto son los árabes los ocupantes

Por más que se debatan los hechos sobre el terreno, nada conseguirá convencer a muchos judíos y cristianos de que Israel haya podido hacer algo mal, pues detrás de sus acciones ellos ven la mano de Dios y sus políticas son, en realidad, según ellos, la voluntad de Dios. Creen que Dios entregó la tierra de Palestina, incluyendo Cisjordania y la Franja de Gaza, al pueblo judío y, por consiguiente, Israel tiene “derecho” a arrebatársela por la fuerza a los palestinos, que, en su opinión, son los verdaderos ocupantes ilícitos del territorio.
Puede recurrirse simplemente a las páginas de sus propios libros sagrados para demostrar la falacia de esta y otras creencias similares. A los cristianos sionistas les encanta citar pasajes de la Biblia como el siguiente para apoyar sus creencias sionistas:
Y Yahvé dijo a Abram, después de que Lot se separó de él: “Levanta tus ojos y mira desde el lugar en que estás hacia el norte, el sur, el oriente y el poniente. Pues bien, la tierra que ves te la voy a dar a ti y a tu descendencia para siempre. Multiplicaré tu descendencia como el polvo de la tierra, de tal manera que si se pudiera contar el polvo de la tierra, también se podría contar tu descendencia. Levántate, recorre el país a lo largo y a lo ancho, pues te lo voy a dar a ti (Génesis, 13:14-17).
Entonces se le apareció Yahvé y le dijo: “No bajes a Egipto, quédate en la tierra que yo te diga. Serás forastero en esa tierra, pero yo estaré contigo y te bendeciré. Pues quiero darte a ti y a tus descendientes todas estas tierras, cumpliendo así el juramento que hice a tu padre Abraham (Génesis, 26:2-3).
Yahvé estaba en lo alto y le dijo: “Yo soy Yahvé, el Dios de tu padre Abraham y de Isaac. Te daré a ti y a tus descendientes la tierra en que descansas (Génesis, 28:13).
Sin embargo, los sionistas cristianos olvidan convenientemente otros pasajes que ofrecen más contexto para comprender este pacto, como son los siguientes:
Guardad, pues, todas mis tradiciones y mandamientos y ponedlos en práctica. Así no los vomitará esa tierra a donde os estoy llevando para que viváis en ella (Levítico, 20:22)
Pero si no me obedecéis ni ponéis en práctica todos estos mandamientos, sino que rechazáis y menospreciáis mis leyes y decretos, y no cumplís ninguno de mis mandamientos, rompiendo mi pacto […] Si a pesar de esto no me obedecéis y seguís oponiéndoos a mí, yo también me enfrentaré con vosotros, y con ira os castigaré otras siete veces más por vuestros pecados […] Destruiré la tierra, y aquellos enemigos vuestros que vengan a vivir en ella, se quedarán asombrados. A vosotros os esparciré entre las ciudades y naciones, y os perseguiré con la espada. Vuestro país se convertirá en un desierto y vuestras ciudades en espantosas ruinas (Levítico, 26:14-15, 27-28, 32-33).

Por lo tanto, Yahvé se enfureció con Israel y lo arrojó de su presencia, y no dejó más que a la tribu de Judá. […] Finalmente, Yahvé apartó de su presencia a Israel, como lo había anunciado por medio de todos los profetas, sus siervos, y así los de Israel fueron llevados cautivos a Asiria, donde siguen hasta el día de hoy (Reyes II, 17:18, 23).
Yo pensé que, aun después de todo lo que ella [Israel] había hecho, volvería a mí; pero no volvió. Su hermana, la infiel Judá, vio esto; y vio también que yo repudié a la rebelde Israel y que me divorcié de ella precisamente por el adulterio cometido. Pero Judá, la infiel hermana de Israel, no tuvo temor, sino que también ella se dio a la prostitución (Jeremías, 3:7-8).
Sí, en la Biblia, el Señor, el Dios de Abraham, Isaac e Israel, dijo a los hebreos que la tierra podría ser suya… si obedecían sus mandamientos. Sin embargo, tal y como la Biblia cuenta la historia, los hebreos no obedecieron y se rebelaron contra Yahvé una generación tras otra.
Lo que los sionistas judíos y cristianos omiten en sus argumentos bíblicos en favor de la ocupación continuada de Israel es que Yahvé también dijo a los hebreos, incluyendo la tribu de Judá (de la cual descienden los “judíos”), que les echaría de la tierra si rompían el pacto al rebelarse contra sus mandamientos, que es precisamente lo que ocurre en la Biblia.
Así, el argumento teológico en favor del sionismo no solo es una tontería desde el punto de vista laico, sino que es, además, una total invención desde la perspectiva bíblica, lo que representa una rebeldía continuada contra Yahvé y su Torá, así como contra las enseñanzas de Jesús el Mesías en el Nuevo Testamento.

Mito 9: Los palestinos rechazan la solución de dos estados porque quieren destruir Israel

En una enorme concesión a Israel, los palestinos han aceptado desde hace mucho tiempo una solución de dos estados. Los representantes elegidos por el pueblo palestino en la OLP de Yasir Arafat han reconocido, desde los años 70, al estado de Israel y han aceptado una solución de dos estados. A pesar de esto, los medios de comunicación occidentales siguieron diciendo en la década de los 90 que la OLP rechazaba esta solución y que, en su lugar, quería borrar a Israel del mapa.
Este esquema se ha repetido con Hamas desde que ganó las elecciones palestinas de 2006. Aunque la organización islamista ha aceptado desde hace años la realidad del estado de Israel y ha demostrado su voluntad de aceptar un estado palestino en Cisjordania y la Franja de Gaza, junto al estado de Israel, es prácticamente obligatorio para los principales medios de comunicación occidentales, incluso en la actualidad, decir que Hamas rechaza la solución de dos estados y que, en realidad, busca “destruir Israel”.
A principios de 2004, poco antes de que fuera asesinado por Israel, el fundador de Hamas, el jeque Ahmed Yasin, dijo que Hamas podía aceptar un estado palestino junto a Israel. Desde entonces, Hamas ha repetido una y otra vez su disposición a aceptar una solución de dos estados.
A comienzos de 2005, Hamas hizo público un documento en el que declaraba que su objetivo era lograr un estado palestino junto a Israel, basado en las fronteras de 1967.
El líder en el exilio del buró político de Hamas, Jalid Mishal, escribió en el Guardian de Londres, en enero de 2006, que Hamas estaba “dispuesto a alcanzar una paz justa”. Escribió que “nunca reconoceremos el derecho de ninguna potencia a robarnos nuestra tierra y a negarnos nuestros derechos nacionales. […] Pero si ustedes están dispuestos a aceptar el principio de una tregua de larga duración, nosotros estamos preparados para negociar los términos”.
Durante la campaña electoral de 2006, el dirigente de Hamas en Gaza Mahmud al-Zahar dijo que la organización islamista estaba dispuesta a “aceptar el establecimiento de nuestro estado independiente en el área ocupada en 1967″, un reconocimiento tácito del estado de Israel.
El primer ministro electo, dirigente de Hamas, Ismael Haniyeh dijo en febrero de 2006 que Hamas aceptaba “el establecimiento de un estado palestino” dentro de las “fronteras de 1967″.
En abril de 2008, el expresidente de EEUU Jimmy Carter se reunió con líderes de Hamas y después declaró que la organización islamista “aceptaría un estado palestino con las fronteras de 1967″ y, además, “aceptaría el derecho de Israel a vivir en paz con su vecino”. El “objetivo final” de Hamas era “ver a Israel con las fronteras asignadas de 1967 y, a su lado, un estado palestino”.
Ese mismo mes, el líder de Hamas Mishal dijo: “Hemos ofrecido una tregua si Israel se retira a las fronteras de 1967, una tregua de diez años como prueba de reconocimiento”. Y en 2009 dijo que Hamas “ha aceptado un estado palestino en las fronteras de 1967″.
El cambio de Hamas, desde el rechazo total de la existencia del estado de Israel hasta la aceptación del consenso internacional de una solución de dos estados es, en gran parte, un reflejo de la voluntad del pueblo palestino. Una encuesta de opinión pública realizada en abril del año pasado, por ejemplo, encontró que tres de cada cuatro palestinos estaban dispuestos a aceptar una solución de dos estados.

Mito 10: Estados Unidos es un mediador honesto y ha buscado la paz en Oriente Medio

Dejando a un lado la retórica, EEUU ha apoyado siempre las políticas de Israel, incluyendo su ocupación ilegal y otras violaciones del derecho humanitario internacional. Apoya las políticas criminales de Israel financiera, militar y diplomáticamente.
El gobierno de Obama, por ejemplo, ha declarado públicamente que se opone a la política de asentamientos de Israel y que ha “presionado” ostensiblemente a Israel para que congele sus actividades colonizadoras. Sin embargo, acto seguido, Washington ha anunciado que no cortará las ayudas financiera y militar a Israel, aunque desafíe las leyes internacionales y siga construyendo asentamientos. Ese mensajes ha sido perfectamente comprendido por el gobierno de Netanyahu, que continúa con sus políticas de colonización.
Para citar otro ejemplo sencillo, tanto la Cámara de Representantes como el Senado de EEUU aprobaron resoluciones que declaraban abiertamente su apoyo a la operación Plomo Fundido de Israel, a pesar del flujo continuo de informaciones que acreditaban la comisión de crímenes de guerra por parte de Israel.
El día que el Senado de EEUU aprobó su resolución “reafirmando el firme apoyo de EEUU a Israel en su batalla con Hamas” (8 de enero de 2009), el Comité Internacional de la Cruz Roja hizo pública una declaración en la que exigía a Israel que permitiera socorrer a las víctimas del conflicto, ya que el ejército israelí había bloqueado los accesos a los palestinos heridos, algo que constituye un crimen de guerra según el derecho internacional.
Ese mismo día, el secretario general de la ONU Ban Ki-moon hizo unas declaraciones en las que condenaba a Israel por disparar contra un convoy de la ONU que transportaba ayuda humanitaria a Gaza y por el asesinato de dos miembros del personal de la ONU, dos hechos que también constituyen sendos crímenes de guerra.
El día que la Cámara de Representantes aprobó su propia versión de la resolución, la ONU anunció que había tenido que interrumpir sus trabajos humanitarios en Gaza debido a los numerosos ataques israelíes que habían sufrido sus trabajadores, convoyes e instalaciones, incluyendo clínicas y escuelas.
El apoyo financiero de EEUU a Israel supera los 3.000 millones de dólares al año. Cuando Israel lanzó su ofensiva militar para castigar a la indefensa población civil de Gaza, sus pilotos tripulaban aviones de combate F-16 y helicópteros Apache artillados vendidos por EEUU, desde los que arrojaban bombas también fabricadas en EEUU, así como municiones equipadas con fósforo blanco, algo prohibido por las leyes internacionales.
El apoyo diplomático de EEUU a los crímenes de Israel se ha expresado en el uso de su derecho de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU. Cuando Israel libraba su devastadora guerra contra la población y la infraestructura civiles del Líbano en el verano de 2006, EEUU vetó una resolución de alto el fuego.
Cuando Israel lanzó su operación Plomo Fundido, EEUU retrasó la aprobación de una resolución que pedía el fin de la violencia y luego, una vez que permitió su votación, se abstuvo.
Cuando el Consejo de Derechos Humanos de la ONU adoptó oficialmente las conclusiones y recomendaciones de su investigación, dirigida por Richard Goldstone, sobre los crímenes de guerra cometidos durante la operación Plomo Fundido, EEUU respondió anunciando su intención de bloquear toda iniciativa que tuviera como objetivo la aprobación de dichas conclusiones y recomendaciones por parte del Consejo de Seguridad. El Congreso de EEUU aprobó una resolución que rechazó el informe Goldstone porque este denunció la comisión de crímenes de guerra por parte de Israel.
Mediante su apoyo, incondicional en la práctica, a Israel, EEUU ha impedido la adopción de medidas para implementar una solución de dos estados para el conflicto palestino-israelí. El así llamado “proceso de paz” ha consistido, durante muchas décadas, en el rechazo estadounidense e israelí de la autodeterminación del pueblo palestino y en el bloqueo de cualquier estado palestino viable.

Nota del Traductor:

No debería ser necesario señalar que la traducción y publicación de este y demás artículos no supone que el traductor esté de acuerdo con todas y cada una de las opiniones expresadas en este y demás artículos. En este caso, por ejemplo, no estoy de acuerdo con la valoración que el autor hace de la aceptación, por parte de Hamas, de una solución de dos estados ‘basada en las fronteras de 1967′. No me parece una evolución positiva de la organización islamista, sino más bien lo contrario. Y tampoco creo que exprese una evolución en la opinión pública palestina. De hecho, hay encuestas que muestran una evolución diferente, más favorable a una solución de un único estado democrático con iguales derechos de todos los ciudadanos. Tampoco se plantea otra posible solución de dos estados ‘basada en las fronteras del plan de partición de la ONU’. JV

Acerca del autor:

Jeremy R. Hammond es un analista político independiente que ha sido galardonado con el premio Proyecto Censurado al mejor periodismo de investigación. Es uno de los fundadores de Foreign Policy Journal y autor de Ron Paul vs. Paul Krugman: Austrian vs. Keynesian economics in the financial crisis y The Rejection of Palestinian Self-Determination: The Struggle for Palestine and the Roots of the Israeli-Arab Conflict. En la actualidad está preparando otro libro sobre el papel de EEUU en la actualidad en el conflicto palestino-israelí.

Traducción: Javier Villate mantiene el blog Disenso, con artículos, análisis y traducciones sobre Palestine, Israel y Medio Oriente. Le puedes seguir en Twitter como @bouleusis 


rebelion.org

lunes, 28 de julio de 2014

“Israel encabeza la invasión y destrucción de Gaza”


“Israel encabeza la invasión y destrucción de Gaza”
Foto: Vero Canino Vázquez
Por Leandro Albani. “El ataque de Israel a Palestina podría ser considerado un crimen de lesa humanidad”, afirma Martín Martinelli, investigador especializado en Medio Oriente, quien actualmente desarrolla su tesis doctoral sobre la identidad palestina.

Entrevistado por Marcha y Resumen Latinoamericano, Martinelli (también profesor de Historia de las universidades de Luján y de Buenos Aires) explica la actual invasión militar sobre la Franja de Gaza, que ya costó la vida de más de mil palestinos y palestinas, incluidos al menos 192 niños. La nueva avanzada militar israelí, según Martinelli, “es la continuación de la expulsión de los palestinos de sus tierras” iniciada en 1948, con la creación e implantación del Estado de Israel.
Martinelli también se refiere a las posibilidades reales de una solución para un conflicto que lleva más de 60 años y en el que siempre Palestina ha sido castigada. Además, traza algunas definiciones sobre el Movimiento de Resistencia Islámica Hamas, organización que encabeza la resistencia contra la ocupación israelí.
-¿Por qué Israel decidió esta nueva ofensiva militar contra Gaza?
-Cualquier ataque indiscriminado contra la población civil es condenable. Este es un crimen de guerra y podría ser considerado un crimen de lesa humanidad, ya que es la invasión y destrucción de la población civil. Son vidas y familias palestinas destruidas con graves daños físicos, materiales y psicológicos que convierten la situación en calamitosa. Los ataques sobre las casas de familias son ilegales y constituyen a su vez una demolición de hogares desde el aire.
Lo que ocurre en Gaza se evidencia como cíclico, repetitivo, ya que ha ocurrido con diferentes grados de intensidad a lo largo de varios años. Utilizando diferentes pretextos se bombardea a la población civil gazatí con armamento de guerra por tierra, mar y aire. La intención del gobierno de Israel es aplacar una posible unión política entre Gaza y Cisjordania. Estos nuevos ataques pueden considerarse una continuación de la limpieza étnica iniciada en 1948 y de la ocupación militar de ese territorio desde 1967. También es la continuación de la expulsión de los palestinos de sus tierras, que en parte ya eran asimismo refugiados en la Franja de Gaza.
-¿Qué nuevas características se observan en la resistencia palestina?
-En las últimas elecciones palestinas de 2006, bajo supervisión internacional, la victoria fue de Hamas, tanto en Cisjordania como en la Franja de Gaza. Cuando negaron el poder político a Hamas, este movimiento lo tomó de hecho en la Franja de Gaza. Según fuentes fiables, Hamas goza de la lealtad de la gran mayoría de los 1,8 millones de habitantes de la Franja. Uno de los objetivos de este ataque es aislar todavía más la Franja de Gaza, dejar a Hamas en el poder aunque más debilitado, oponerse a toda posibilidad de unión palestina y desviar la atención de la ofensiva colonialista acelerada en Cisjordania.
Mientras tanto, Hamas desea reforzar su posición en tanto movimiento de resistencia tras los golpes que ha sufrido como movimiento político. Desde Hamas se está ofreciendo una resistencia inesperada para Israel. Por ejemplo, el diario israelí Haaretz advirtió sobre la lentitud de la misión israelí y la “matanza al por mayor” de civiles palestinos. Con respecto a las complicaciones que están teniendo, Haaretz también manifestó que “no hay victoria posible”. Entretanto, con estos ataques siguen destruyendo las vidas de miles de familias palestinas. En todo análisis, no hay que dejar de lado el contexto de ocupación y bloqueo de los territorios palestinos por parte de Israel desde 1967, además de la expulsión de gran parte de los palestinos a partir de 1948.
-¿Existen posibilidades reales de una solución al conflicto?
-Este conflicto es una “guerra” o más bien una disputa asimétrica con dos contendientes en condiciones diametralmente opuestas. Por lo tanto, se necesita un importante cambio de paradigma para que se logre una solución, lo cual no es imposible sino que es complicado. Pongamos por caso la indefinición que existe sobre el territorio de Cisjordania. Aunque vale aclarar que con la presunción de que es un conflicto de compleja magnitud, esto es utilizado como excusa en pos de no buscar las soluciones adecuadas al problema. Un ejemplo de solución podría ser una retirada israelí de los territorios ocupados palestinos, lo que es intrincado ya que la infraestructura que Israel construye a diario en el lugar lo dificulta enormemente.
Además, un acuerdo equitativo entre los palestinos y los israelíes sobre la forma de compartir Jerusalén y los lugares considerados sagrados constituiría la pieza central de un acuerdo entre estos dos pueblos, y la clave para una paz justa y duradera en todo Medio Oriente. Aunque es difícil augurar si esto, o la creación de un Estado palestino independiente en Cisjordania, Gaza y Jerusalén Este, podrían dar solución al conflicto.
Los palestinos consideran estos territorios como parte de un Estado, aunque en realidad consideran Palestina a todo el territorio que formaba parte del Mandato Británico de Palestina (1920-1948), pero dadas las condiciones impuestas por las guerras de 1948 y de 1967 anhelan, al menos, obtener un Estado independiente en Cisjordania, la Franja de Gaza y Jerusalén Este, con las dificultades que esto acarrea.
-¿Cómo podrías explicar a una organización como Hamás?
-Hamas es una organización que lo primero que hace es dar ayuda social. Muchos tienen la idea de que sólo preparan hombres para los ataques suicidas, pero es un tipo de organización que da ayuda, que está instalada en el tejido social a través de las mezquitas, ayudando a la población, y esa es la primera función que las poblaciones ven en ellos. Hamás gana las elecciones en 2006, que no son legitimadas, sobre todo por Israel y Estados Unidos, porque consideran como terrorista a la organización.
Ahí tendríamos que ver cuál sería la definición de terrorismo. Porque desde el 2001 comienza la guerra contra el terrorismo, que es un enemigo que no está individualizado, no se sabe quién es, entonces con ese criterio se dice “aquellos son los terroristas, ataquémoslos”. Ante cualquier divergencia con un grupo político, se lo acusa de terroristas y son atacados. Siempre hay que tener en cuenta la ambivalencia de los términos y quién emite ese término.
Noam Chomsky evalúa, según la misma definición del gobierno de Estados Unidos, cuál es la connotación que se le da a la palabra terrorismo. Con ese mismo criterio, los ejércitos de Estados Unidos e Israel serían terroristas por las prácticas militares y de intimidación que realizan contra distintas poblaciones. El gran público en general abreva en la información masiva, entonces dice que en Afganistán los talibanes son terroristas y se tiende a homogeneizar o a relacionar con lo musulmán. Entonces los talibanes son terroristas, fundamentalistas del Islam, de su interpretación del Islam, que realizan ataques suicidas, que no les importa morir con tal de matar a otro. Hay un estereotipo que recae sobre los árabes  y sobre los musulmanes: están con turbantes, montados en camellos y en medio del desierto.
Después de 2001, es igual pero con un fusil y armado hasta los dientes o con un chaleco de dinamita. Aclaremos que no todos los árabes (cultura) son musulmanes (religión) ni todos los musulmanes son árabes.
Hamás también está muy vinculado a los Hermanos Musulmanes (HM), agrupación que se funda en 1928 en Egipto. Uno de sus principales pensadores fue Hasan Al Banna (1906-1949). Lógicamente, en 80 años de existencia los HM fueron variando desde que surgen como un movimiento religioso. Hay que tener en cuenta que en Medio Oriente la religión está relacionada con la política, porque el Islam está incrustado de otra manera en las relaciones sociales de la cultura arabo-musulmana. Los HM se mantuvieron ajenos a la práctica política. Si bien se puede decir que esa ayuda social es una especie de práctica política, no formaban partidos políticos.
Es la diferencia cualitativa que vamos a tener a partir de las décadas del ‘70 y ‘80, y también tiene que ver con el nacionalismo árabe, o panarabismo, cuando Estados Unidos ve por ejemplo, con malos ojos a Gamal Abdel Nasser (ex presidente egipcio, fallecido en 1970). Entonces apoya a organizaciones como los HM, al mismo tiempo la sociedad se encontraba preparada para que haya un vuelco de esas agrupaciones hacia lo que algunos denominan islamismo o Islam político.
http://www.marcha.org.ar/index.php/elmundo/medio-oriente/5552-israel-encabeza-la-invasion-y-destruccion-de-gaza
http://www.resumenlatinoamericano.org/?p=4282

domingo, 27 de julio de 2014

Mitos sobre el conflicto palestino-israelí

Por Joaquín Zajac. Un repaso por algunos de los mitos sobre el conflicto palestino-israelí que, por más que se repitan, no dejan de ser eso: mitos y tergiversaciones de la realidad.
“Israel tiene derecho a defenderse de los ataques con cohetes de Hamas”
El primer problema de esta afirmación, es suponer una comparabilidad de ambos “bandos”. Para que entendamos mejor: Israel es un Estado nación consolidado, joven es cierto, pero sumamente poderoso. Esto se explica principalmente por la ayuda que cada año Israel recibe, a título de donación, sin ningún compromiso de devolución por parte de Estados Unidos. Al año 2013, y desde 1949, Israel acumulaba 118 mil millones de dólares, de los cuales 70 mil millones fueron en concepto de gastos militares.
Esta inmensa masa monetaria, sumada a las donaciones que recibe de parte de las comunidades judías de todo el mundo, le permite contar con uno de los ejércitos más poderosos, no solamente en la región, sino en todo el mundo, con tecnología de punta tanto en ataque como en defensa. Así bunkers, sistemas de alarma, baterías anti misiles y demás dispositivos de prevención, vuelven la capacidad de daño de los cohetes de Hamás casi una burla.
¿Qué tenemos del otro lado? Hamás es, ante todo, una organización política. Que quede claro: Si bien el mundo entero ha reconocido el derecho a la autodeterminación del pueblo palestino, este aún no constituye un Estado. No podría serlo, con Israel ocupando militarmente su territorio, bloqueando sus caminos y perjudicando su economía mediante la construcción de colonias y la destrucción de tierras cultivables, fábricas, comercios, edificios públicos, etc. Si bien tiene una “Autoridad Nacional”, una débil estructura institucional acordada en 1994, Palestina no cuenta con las condiciones mínimas necesarias para establecer un Estado como tal.
Entonces, tenemos de un lado un Estado con una economía sólida y un poderoso ejército financiado por la potencia militar número uno del mundo. Del otro, un movimiento político debilitado, que no tiene soldados sino militantes civiles, que basa su escaso poder de fuego en el apoyo de la población y en el control que tiene de su escaso territorio.
Es un enfrentamiento absolutamente desigual e incomparable. Por lo tanto, el argumento de la defensa se cae. No se trata de una “defensa” que devuelve una fuerza igual a la recibida. Se trata de una represión brutal, que amplifica el daño en una proporción de 1 a 100 y que destruye no solo una cantidad impresionante de vidas humanas sino que produce daños materiales que dejan en un estado aún más precario a la débil economía palestina.
Por último, y lo más importante, el argumento de la defensa esconde una realidad inobjetable: el que está ocupando militarmente y construyendo colonias en parte del territorio palestino es el Estado de Israel. El cuento del huevo y la gallina en este caso tiene una solución bastante obvia. Mientras dure la ocupación y siga la expansión de las colonias, el primer agresor no es Palestina sino Israel.
“Hamas se esconde entre los civiles, los usa de escudo humano”
Falso. Hamas no se esconde entre civiles. Hamas es un partido político, sus militantes son civiles y también lo son las construcciones que alojan arsenales, bunkers y lanzaderas de cohetes.
Pero supongamos que en algún caso familiares, amigos o simplemente habitantes de Gaza no vinculados al movimiento son presionados por la organización para poner sus casas y comercios a disposición para el uso “militar” de estos. Si Israel conoce estas realidades e igual decide atacar, con la desmesurada cantidad de víctimas mortales que esto supone, se trata de un cinismo igual o peor que el antes citado, que tiene una explicación, como veremos en el punto siguiente.
“Lo que Hamas hace es terrorismo, Israel ataca objetivos militares”
Habría que repensar la definición de “terrorismo”. El terrorismo es ante todo una estrategia política consistente en inducir terror en una población civil. Sin dudas, Hamas, muy inferior en poderío militar, utiliza el terrorismo como estrategia principal para alcanzar sus fines políticos: los famosos “atentados suicidas” (más frecuentes en otras épocas) y las cientos de bombas, muchas de ellas de fabricación casera, que son disparadas hacia territorio israelí con el objetivo de atemorizar a la población y producir desgaste político.
Moralmente, uno puede considerar condenable este accionar. Israel busca diferenciarse de Hamás cuando asegura que su respuesta es únicamente “militar”, que sus operaciones son “quirúrgicas”, que sólo ataca blancos conocidos de Hamás (arsenales, lanzaderas de misiles, sitios bunkers, locales partidarios, etc.). Sin embargo, como hemos visto, Hamás no es un ejército: es una organización civil. Sus integrantes son civiles y, consecuentemente, los “objetivos” para el ejército israelí son edificios civiles. Si, tal y como hemos dicho hasta el momento, Israel conoce esta realidad, sabe de la poca efectividad de sus “avisos” e igualmente decide atacar, valdría la pena preguntar: ¿Cuál es el objetivo real de estos operativos?
Y la hipótesis que sostengo es que el objetivo verdadero es precisamente el mismo que el de Hamás: aterrorizar a la población civil de Gaza y diezmarla moralmente para conseguir que esta deje de apoyar a Hamás. La única verdad es la realidad: los cientos de muertos en apenas un par de días no pueden tener otro objetivo que ese, más allá de los eufemismos con los que se lo quiere disfrazar.
“Hamas es fundamentalista religiosa. Israel es la única democracia de la región”
Como organización política, la ideología de Hamás es fundamentalista islámica. ¿Qué significa esto? Que su programa político está basado en los textos religiosos del Islam. Su objetivo es instaurar un Estado palestino donde la ley se base en los preceptos del Islam. ¿Es esto de por sí cuestionable? Hay aspectos puntuales de la aplicación extremista de los preceptos religiosos (como el maltrato que reciben las mujeres o algunos castigos que contradicen los derechos humanos) que pueden y deben ser criticados. Pero el cambio y la emergencia de tendencias moderadas dentro de esta corriente política solo podrán nacer de un debate genuino al interior del pueblo palestino, sin la ocupación condicionando este debate.
Además, si bien los pueblos occidentales atravesamos nuestro propio proceso de “laicización” de la cultura, éste no es absoluto en todas partes. En Israel mismo, que se jacta de ser un Estado “laico”, la ley de retorno del Estado de Israel sólo admite como nuevos ciudadanos a aquellos que tengan al menos un abuelo o abuela judíos ¿Y cómo se prueba esta “judeidad”? Con un documento de índole religiosa. A su vez, los conversos a otras religiones pierden su derecho, así como lo ganan los que se conviertan al judaísmo, pero únicamente por la fe ortodoxa.
Ya hablamos en otra nota además de los colonos judíos en Cisjordania, que en nombre de la Torá afirman que toda la “Gran Israel” de la Biblia pertenece por derecho divino al pueblo judío y, en su nombre, ocupan territorios en los que la comunidad internacional reconoció al pueblo palestino el derecho a un Estado propio. Construyen allí viviendas y ciudades ilegales que el ejército luego protege en muchos casos aumentando año a año el despojo de tierras de los palestinos.
“Criticar a Israel siendo no judío es antisemita, mientras que criticar a Israel siendo judío es ser un judío que se odia a sí mismo”
Todas acepciones falsas de toda falsedad que deben ser dejadas de lado. El vínculo que los judíos mantenemos con Israel es relativo. Hay tantos tipos de judaísmo como judíos en el mundo. Para algunos el judaísmo es una religión. Otros, los sionistas, consideran que el judaísmo es una nación y que el Estado de Israel es nuestra “madre patria” a la que le debemos lealtad y cariño. Muchos somos los que nos reconocemos como judíos y consideramos valida la idea del judaísmo como una identidad nacional y no solo religiosa pero no nos sentimos atados de ninguna manera al proyecto político de un Estado exclusivamente judío, ni en la tierra donde actualmente se ubica Israel ni en ninguna otra parte.
Israel es, no obstante, una realidad política e histórica y no va a desaparecer en el corto plazo, como tampoco lo harán, ni ahora ni nunca, las millones de personas que allí intentan llevar sus vidas. Pero es necesario que entendamos que criticar las políticas de un gobierno o incluso ciertas prácticas que han sido características del Estado a lo largo de su historia no es dejar de reconocer el derecho de su gente a vivir en paz, ni aún plantear la desaparición inmediata del Estado. De hecho, mucha gente en Israel mismo, en movimientos como “Peace Now” o en partidos políticos como “Meretz”, entre otros, lucha por el fin de la ocupación y por el cese de la construcción de colonias.
Flaco favor les estaríamos haciendo al apoyar las decisiones temerarias y erróneas que toma la actual coalición de derecha en el gobierno a los y las que todos los días dan la lucha allí en Israel por transformar la realidad que les toca vivir, tal y como sucedió a mediados de los 90, antes que la muerte de Isaac Rabin enterrara hasta quien sabe cuándo el sueño de alcanzar una paz duradera en la región.
@joaquinitoZ
http://notas.org.ar/

A propósito de Gaza, por Eric Hobsbawm

El historiador marxista Eric Hobsbawn publicó este artículo sobre el conflicto entre Israel y Gaza en el año 2009.
A 5 años de su publicación y a dos años de la muerte de su autor, las palabras del británico de origen judío siguen más vigentes que nunca ante la nueva ofensiva israelí, que ha dejado ya ás de 800 muertos y 5.000 heridos.
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“Durante tres semanas la barbarie ha sido mostrada ante un público universal, que ha observado, juzgado y, con pocas excepciones, rechazado el uso del terror militar por parte Israel contra un millón y medio de habitantes bloqueados desde 2006 en la Franja de Gaza. Nunca antes las justificaciones oficiales de la invasión han quedado tan claramente refutadas como ahora, con la combinación de cámaras y aritmética; ni el lenguaje de las “objetivos militares” con las imágenes ensangrentadas de niños y la quema de escuelas. Trece muertos de un lado, 1.360 de otro: no es difícil establecer dónde está la víctima. No hay mucho más que decir acerca de la terrible operación de Israel en Gaza.
Excepto para aquellos de nosotros que somos judíos. En una larga e insegura historia como pueblo en la diáspora, nuestra reacción natural a los actos públicos ha incluido inevitablemente la pregunta: “¿Es bueno o malo para los judíos?” En este caso, la respuesta es inequívoca: “Malo para los judíos”.
Es claramente malo para los cinco millones y medio de judíos que viven en Israel y los territorios ocupados desde 1967, cuya seguridad se ve amenazada por las acciones militares israelíes que sus gobiernos adopten en Gaza y en Líbano, acciones que demuestran su incapacidad para lograr sus objetivos declarados y que perpetuan e intensifican el aislamiento de Israel en un Oriente Medio hostil. Desde el genocidio o la expulsión masiva de palestinos de lo que queda de su tierra natal no ha habido otro programa práctico que la destrucción del Estado de Israel, y sólo una coexistencia negociada en igualdad de condiciones entre los dos grupos puede proporcionar un futuro estable. Cada nueva aventura militar, como las de Gaza y el Líbano, hará que esa solución más difícil y fortalecerá al ala derecha israelí y a los colonos de Cisjordania, que encabezan el rechazo a la solución negociada.
Al igual que la guerra del Líbano en 2006, Gaza ha oscurecido las perspectivas de futuro para Israel. También ha oscurecido las perspectivas de los nueve millones de judíos que viven en la diáspora. Permítanme que no me ande con rodeos: la crítica de Israel no implica antisemitismo, pero las acciones del gobierno de Israel causan vergüenza entre los judíos y, sobre todo, dan pie al acutal antisemitismo. Desde 1945, los judíos, dentro y fuera de Israel, se han beneficiado enormemente de la mala conciencia de un mundo occidental, que se había negado a la inmigración judía en la década de 1930, unos años antes de que se permitiera o no se opusiera al genocidio. ¿Cuánta de esa mala conciencia, que prácticamente eliminó el antisemitismo en Occidente durante sesenta años y produjo una época dorada para su diáspora, queda en la izquierda hoy?
La acción de Israel en Gaza no es la de un pueblo que es una víctima de la historia, ni siquiera es el “pequeño valiente” Israel de la mitología de 1948-67, con un David derrotando a todos los Goliaths de su entorno. Israel está perdiendo la buena voluntad tan rápidamente como los EE.UU. de George W. Bush, y por razones similares: la ceguera nacionalista y la megalomanía del poder militar. Lo que es bueno para Israel y lo que es bueno para los judíos como pueblo son cosas que están evidentemente vinculadas, pero mientras no haya una respuesta a la cuestión de Palestina no son y no pueden ser idénticas. Y es esencial para judíos que se diga.”
Eric Hobsbwan
El Ciudadano http://www.elciudadano.cl/

viernes, 25 de julio de 2014

Una rivalidad que no cesa en Medio Oriente

En cuestión de 15 días, la ofensiva israelí en Gaza ha vuelto a colocar la atención en esta conflictiva zona del globo. El asesinato de seis niños palestinos por fuerzas de Israel en una playa viralizó el drama que deja centenares de víctimas. Una mirada a un conflicto que parece no tener final.

La operación ofensiva de Israel "Margen Protector", iniciada el 8 de julio, deja como saldo parcial unas 725 víctimas palestinas, 21% de ellas niños y niñas, 34 soldados israelíes abatidos, 4.700 heridos y alrededor de 200.000 desplazados en la pequeña Franja de Gaza, un territorio de 360 km2 y de unos 1,8 millón de habitantes, algo mayor en dimensión, pero menos poblado, que la Ciudad de Buenos Aires. El daño económico es cuantioso, por ejemplo, el bloqueo a las exportaciones causa u$s 50 millones diarios en pérdidas desde 2007 y el conflicto paraliza una ya maltrecha economía que viene sufriendo un desgaste constante por la conflictividad del pasado, que se remonta a 1948. Esta vez, todo comenzó a fines de junio, cuando se supo del asesinato de tres jóvenes israelíes en Cisjordania, otra región contigua a Israel, gobernada por palestinos, pero no los mismos de la franja, el grupo Hamás. Contra este último -terrorista, al entender de Israel- cargó la culpa. "El accionar israelí debe ser leído en el contexto de otras actuaciones similares emprendidas en los últimos años", indica Rubén Paredes Rodríguez, director adjunto del Instituto Rosario de Estudios del Mundo Árabe e Islámico. 
Los años 2008/9 y 2012 fueron testigos de dos operaciones con el mismo fin, destruir los misiles y desmantelar los lanzadores de Hamás. Buena parte del costo también es común, vidas humanas que se pierden.

Raíces del conflicto
No es fácil entender este conflicto relativamente nuevo. "Hace largo rato es difícil lograr un nivel de objetividad porque se juega mucho", advierte Paulo Botta, director del Departamento de Eurasia del Instituto de Relaciones Internacionales de la UNLP. Los medios no ayudan. "La prensa casi sin excepciones es muy mala", remarca Carlos Maslatón, analista de mercados. Se ven los efectos sin identificar causas, se montan escenarios cruentos para deleite del morbo. Si bien en las redes sociales circulan numerosos testimonios, se trata de un conflicto complejo que no todos están en condiciones de entender. "Hasta dirigentes de las grandes potencias fracasan en comprenderlo", agrega.
La creación del Estado de Israel, en 1948, sobrevino a la independencia del mandato británico y es el punto de partida del conflicto palestino-israelí, centrado en la posesión de la tierra ancestral. Luego de la proposición de la ONU de la creación de un estado judío y otro árabe en esa tierra, se produjo la guerra entre los ejércitos árabes y aquel naciente Estado. Allí fueron expulsados alrededor de 780.000 habitantes de Palestina. "Así se originó el problema de refugiados más largo de la historia actual", reflexiona Martín Martinelli, especialista en Medio Oriente. Dos guerras regionales se repitieron en 1967 y 1973 (árabes-israelíes), cuando Israel ocupó militarmente los territorios de Cisjordania, Gaza y Jerusalén este. Recién en 1994 permitió sobre su propio territorio la creación de Palestina por primera vez en la historia. "El conflicto fue mutando a una incapacidad sistemática por parte de ambas partes de lograr acuerdos de paz", comenta Juan Battaleme, director de la licenciatura en Gobierno y Relaciones Internacionales de UADE. Si bien el conflicto estuvo a punto de sellarse en 2000, el líder palestino Arafat lo impidió. "Hoy las cosas avanzan bien en Cisjordania, pero no en Gaza", remata Maslatón.
El mundo árabe está más revuelto y desunido que nunca. "El dato más relevante de fondo es el proceso de deconstrucción estatal que se vive en Medio Oriente", argumenta Mariano Aguas, coordinador del departamento de Ciencia Política de la UP. Este último alimenta una incesante asimetría del poder entre los palestinos (ya sin importantes apoyos como Egipto, Siria, Irán) e Israel, y un auge del extremismo islámico que es todo lo contrario del ideal propuesto por las "Primaveras Árabes". "Se trata de un retorno a la Edad Media", puntualiza Aguas. Los palestinos no escapan al panorama que presenta lo árabe. En Cisjordania gobierna el grupo Al Fatah mientras en Gaza está Hamás. "No hay un interlocutor válido por más de que se haya formado un gobierno de unidad nacional", advierte Botta. Este panorama tan dividido dificulta los esfuerzos de paz. Tampoco Israel se muestra unido. Tiene un sistema político muy fragmentado, donde el conflicto se integra a la agenda interna con una visión cortoplacista y no un enfoque estratégico. "Nadie quiere quedar como un blando", sintetiza el director en el departamento de la UNLP.

El futuro
Con la presunción de que es un conflicto de compleja magnitud, dicha condición es utilizada como excusa en pos de no buscar las soluciones adecuadas al problema. Es una guerra o más bien una disputa asimétrica (favorable a Israel) donde el costo humano paradójicamente se contabiliza en lo que se da en llamar daños colaterales. "Por lo tanto, se necesita un importante cambio de paradigma para que se logre una solución", señala Martinelli. La puesta en marcha de un Estado de Palestina sería un buen comienzo, pero, si bien reconocido por muchos países durante 2010 y 2011, sigue siendo una cuenta pendiente que atraviesa a varias generaciones. Así lo entiende Paredes Rodríguez. 
Hoy día, el conflicto palestino-israelí no es el principal dentro del mundo árabe y Medio Oriente, y funciona más bien de forma retórica. El mundo árabe está muy fragmentado y el tema palestino, a diferencia de la década de 1980, no está en la agenda de los árabes. Por su parte, muchos Estados árabes que antes se interesaban por el tema están inmiscuidos en sus propios problemas, como Siria, desangrada en una guerra civil que desde hace poco más de tres años supera 170.000 bajas. Otros han modificado su postura, como Egipto, tradicional rival de Israel en el pasado, intentando persuadir a Hamás para que acuerde una tregua. Se dan cíclicas situaciones de extrema violencia y la comunidad internacional mira para otro lado porque no hay incentivo para avanzar hacia un acuerdo de paz, sumado a que las grandes potencias tienen cada vez más diferencias entre ellas. A lo sumo, la comunidad internacional hace lo que puede. 
La inversión de capital político en ese conflicto suele ser más un dolor de cabeza que una solución al mismo. El último de esos límites aparece con la intervención de El Vaticano. "Una nueva esperanza rápidamente frustrada", como la resume Battaleme. n 3D

RECUADRO
Pequeñas serpientes 
Una diputada israelí de la ultraderecha en Facebook pidió asesinar a las madres palestinas porque engendran “pequeñas serpientes”. Las palabras de Ayelet Shaked representan a un sector de la población, y no a toda la sociedad israelí, cansada de la violencia y de la inseguridad. “En este contexto, las alocuciones racistas no coadyuvan a tranquilizar los ánimos”, sentencia Paredes Rodríguez. No obstante, quizá no extrañe esta actitud de odio cuando los libros de educación israelíes muestran a los palestinos deshumanizados, inculcando en los alumnos los prejuicios con los que actuarán insensiblemente durante el servicio militar. “Los dichos están fuera de lugar por intolerantes y porque ella habla de una «guerra contra el terror» que no es tal”, finaliza Martinelli. Más tarde, la diputada dijo que fue tergiversada y alegó haber sido sacada groseramente de contexto. Esto demuestra el poder de las redes sociales.

Publicado en:

http://www.cronista.com/contenidos/2014/07/25/noticia_0009.html

jueves, 24 de julio de 2014

Las continuas e interminables mentiras de Bernard Henri Lévy - Israel, los judíos y Gaza

Le Monde diplomatique
Traducido del francés para Rebelión por Caty R.


Con cada ofensiva israelí contra Gaza se nos vienen encima un nuevo editorial de Bernard Henri Levy (BHL) y un montón de mentiras. Ocurrió en diciembre de 2008 cuando contó la invasión israelí desde la torre de un tanque. También en noviembre de 2012. Y una vez más en su última crónica «Gaza París» publicada en la web de la revista que dirige, La Régle du jeu, el pasado 15 de julio. El descrédito de este ensayista, cuyos libros ya no se venden, no impide que los medios pongan a su disposición, a porfía, sus columnas y sus platós (1). Ese texto, en resumen, concentra todas las mentiras proferidas sobre Palestina y ampliamente repetidas, por otra parte.
Primera mentira, la foto que ilustra el artículo y que pretende mostrar la sinagoga de la calle de la Roquette asediada. Una vez más BHL mete la pata porque según el rabino no hubo ningún ataque al edificio: « Incidents rue de la Roquette: Serge Benhaim dément toute attaque de la synagogue », ITélé, 18 de julio). ¿De dónde ha salido esta foto?




«Así pues encontramos a miles de hombres y mujeres reunidos el domingo en París que con la excusa de “defender Palestina” vuelven a atacar a los judíos. A esos imbéciles además de canallas, o viceversa, hay que recordarles, a todos los efectos, que confundir a judíos e israelíes en la misma reprobación es el principio de un antisemitismo que, en Francia, está castigado por la ley».
¿Ataque a los judíos? Sabemos que el asunto del ataque a la sinagoga es un montaje, que la Agence France Prese que lo reportó no tenía ningún periodista sobre el terreno y que los medios de comunicación se vieron obligados a rectificar. Las declaraciones de Michèle Sibony, secretario general adjunto de la Unión Judía Francesa por la paz (UJFP), en la cadena de televisión LCI permitieron conocer la verdad y recordar que no solo no hubo ningún lema antisemita en la manifestación, sino que además participaron muchos judíos.
Sabemos que hubo algunos enfrentamientos entre los matones de la Liga de Defensa Judía (LDJ) –organización fascista prohibida en Israel y Estados Unidos que las autoridades francesas se niegan a disolver- y un centenar de jóvenes de los cuales algunos gritaban eslóganes antisemitas en respuesta a los eslóganes antiárabes de sus adversarios. Hay que denunciarlos vigorosamente y denunciar a todos los que confunden judío e israelí.
Por lo tanto BHL tiene razón. Hay que eliminar la asimilación de judío e israelí. Pero, ¿cómo creerle? Israel rechaza la existencia de una nacionalidad israelí y no reconoce que existen judíos y árabes entre sus ciudadanos. Israel se autoproclama «Estado judío» y habla de su ejército como «ejército judío».
Y cuando el ejército israelí organiza en mayo de 2014 una reunión en la sinagoga de la Victoria para alabar sus méritos y hacer proselitismo, ¿quién crea la asimilación de de israelíes y judíos? (Ante la «publicidad» un tanto exagerada, la reunión se anuló). Cuando se organiza en París todos los años una gala de apoyo a la policía fronteriza israelí, ¿a quién le importa el conflicto en Francia? El embajador de Francia en Tel Aviv no deja de alabar «el valiente compromiso» de jóvenes franceses en el ejército israelí. ¿Qué diría el Gobierno francés si los jóvenes franceses musulmanes fueran a luchar a Palestina? Y sin embargo acepta que algunos participen hoy en la ofensiva contra Gaza.
«Debemos recordar que ninguna indignación, ninguna solidaridad con cualquier causa puede autorizar, ni siquiera disculpar, esa actitud prácticamente “pogromista” que es el intento de entrar violentamente en una sinagoga. 
A esos canallas además de imbéciles, o viceversa, hay que repetirles que unirse tras los cohetes de cartón piedra que representan los proyectiles lanzados a ciegas sobre mujeres, niños o ancianos, en resumen civiles de Israel, no es un acto trivial, sino un gesto de apoyo a una organización terrorista. 
A los que entre esos manifestantes creen realmente en la causa de Gaza (si los hay) y desfilaron bajo sus banderas recordando a las decenas de muertos inocentes desde que empezó la contraofensiva israelí, no tendremos la crueldad de preguntarles por qué nunca están ahí, nunca, sobre el mismo pavimento parisino para llorar no a las decenas, sino a las decenas de miles de otros inocentes muertos, desde hace tres años y medio, en ese otro país árabe llamado Siria».
El argumento se puede repetir hasta el infinito a lo largo de las luchas de los últimos decenios. Si te movilizas por la guerra de Argelia, ¿por qué no haces nada contra las dictaduras árabes? Si te movilizas contra la agresión estadounidense a Vietnam, ¿por qué no protestas contra el gulag? Si denuncias el apartheid de Sudáfrica el Gobierno de Pretoria replica: mira los crímenes cometidos en el Congo o en Etiopía.
No sé en qué se basa BHL para decir que los manifestantes que salieron a las calles en los últimos días no se movilizan por otras causas. Conozco a personas que se mueven mucho para denunciar al régimen sirio. Pero es verdad que la causa palestina es emblemática, no solo por el número de víctimas, sino además por el hecho de que es el último conflicto colonial. En mi artículo « ¿Qué simboliza Palestina? » explico ampliamente por qué se trata de un conflicto simbólico en la brecha entre Oriente y Occidente, entre el Norte y el Sur.
«Y hay que señalar que esas decenas de mujeres, niños o ancianos, en resumen civiles palestinos, si no se frena la criminal huida hacia delante de Hamás, mañana serán centenares. Y no hay solo uno, sino dos responsables: el piloto que al disparar a una rampa de misiles iraníes oculta en el centro de un edificio daña por error al edificio vecino; pero también, a menudo en primer lugar, esos cínicos monstruosos que al mensaje del piloto anunciando que va a disparar e invitando a los vecinos a abandonar la zona para protegerse, responden invariablemente: “que nadie se mueva; que todos permanezcan en sus puestos; que diez, cien mártires ofrezcan su sangre a la sagrada causa, inscrita en nuestro mapa, de la destrucción del Estado de los judíos».
En primer lugar es evidente que la cita de BHL «que nadie se mueva», etc., es pura invención. Está claro que los palestinos dudan de abandonar sus casas por miedo a que se las saqueen o destruyan, como siempre que el ejército israelí invade un territorio. Está claro también que algunas prácticas de los grupos armados –y recordemos que en Gaza luchan junto a Hamás la Yihad Islámica, el Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) y los grupos vinculados a Fatah- son condenables. Pero recordemos también que Amnistía Internacional denunció en su informe de 2010 (sobre la invasión israelí de Gaza) la utilización de palestinos por parte del ejército israelí como escudos humanos. Y que, una vez más, no hay dos ejércitos que luchan con las mismas armas. Recordemos otra vez la fórmula del dirigente del Frente Nacional de Liberación de Argelia Larbi Ben M’hidi, arrestado el 23 de febrero de 1957 por el ejército francés y preguntado por los periodistas con respecto al FLN que ponía bombas en los cafés escondidas en cestas: «Dadnos vuestros aviones y os daremos nuestras cestas». Ben M’hidi sería «suicidado» por Paul Aussaresses unos días después.
«En cuanto a los demás, a los que piensan que el desbordamiento está causado probablemente por una locura colectiva; a los medios de comunicación que no paran de recordar continuamente la “agresión” israelí, la “prisión” en que se ha convertido Gaza o la “espiral de violencia y venganza” que se supone que alimentan esta guerra sin fin, podemos objetar: 
1.- Que no existe agresión, sino contraataque de Israel frente a la lluvia de misiles que una vez más se abate sobre las ciudades y que ningún estado del mundo toleraría mucho tiempo».
Si Francia recibiera obuses disparados desde Suiza o Bélgica, ¿no respondería a esa agresión? Pero hace decenios que Francia no ocupa Suiza y Bélgica y no corre el riesgo de recibir obuses.
«2.- Que en efecto Gaza es una especie de prisión, pero los israelíes se fueron de allí hace casi diez años, por lo que no veo cómo pueden ser los carceleros; pero, ¿por qué al contrario Hamás, que tiene el enclave bajo su yugo, que trata a sus habitantes como rehenes y que bastarían una palabra suya o su mano tendida para acabar con la pesadilla prefiere llegar hasta el final de su locura criminal?»
No hace falta leer a BHL para decir que no hay carceleros en Gaza. Obviamente los carceleros están en el exterior. La Franja de Gaza continúa siendo un territorio ocupado: Las Naciones Unidas siguen considerándola como tal porque sus accesos terrestres, marítimos y aéreos siguen dependiendo de Israel -que impide el acceso a grandes zonas de Gaza (al 30% de las tierras de cultivo) así como al mar más allá de seis millas (reducidas a tres desde el principio de la operación)- porque el Estado civil sigue en manos de los israelíes, porque el bloqueo impuesto por Israel en 2007 sigue vigente a pesar de las condenas «verbales» unánimes de la comunidad internacional, incluido Estados Unidos.
«3.- Que entre las violencias y venganzas que nos presentan como “simétricas”, la muerte de tres adolescentes judíos secuestrados y hallados muertos cerca de Hebrón y el asesinato de un niño palestino quemado vivo dos días después por una banda de bárbaros que avergüenzan los ideales de Israel, hay una diferencia que por desgracia no cambia nada en el duelo de las cuatro familias, pero para los que tienen la posibilidad, y por lo tanto el deber, de mantener la cabeza fría, lo cambia todo: las autoridades políticas, judiciales y morales de Israel se horrorizaron del segundo acto, lo condenaron sin reservas y persiguieron y arrestaron sin tardanza a los presuntos culpables; respecto al primero, cuyos autores todavía están libres, hay que tener el oído muy fino para oír alguna palabra de las filas palestinas. Incluso hubo una frase de Khaled Mechaal, jefe de Hamás en el exilio, “felicitando a los secuestradores” de los tres jóvenes, brutalmente recalificados para la ocasión como “colonos judíos”».
Parece que BHL ignora las campañas de odio que fluyen sobre Israel desde hace años y que inducen a la mayoría de sus habitantes a desear la expulsión de los ciudadanos árabes del Estado. Ignora también el papel de los colonos y los grupúsculos de extrema derecha que gozan desde hace años de una impunidad absoluta y multiplican las agresiones contra los árabes.
«Dudo de que estas observaciones puedan tener algún efecto en los yihadistas del domingo, siempre los mismos, que un día lamentan que les impidan reír con Dieudonné, otro que les prohíban expresar su respeto a Mohamed Merah y otro que la diplomacia francesa no se posicione como un solo hombre tras los “indignados” partidarios de Hamás».
Esto, que es lo que se denomina un amasijo, ¿realmente merece una respuesta?
«El resto de Francia, en cambio, los hombres y mujeres de buena voluntad, los que no han renunciado al sueño de ver algún día esta tierra por fin compartida, desean que se rompa el círculo vicioso de la desinformación y la pereza mental. No, entre Israel y Hamás las razones no están distribuidas de la misma forma. Hamás es una organización “fasciislamista” de la que hay que liberarse urgentemente, también los gazatíes. En cuanto al jefe de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, apela a las Naciones Unidas para que presionen a Israel. ¿Pero no sería más lógico, más digno y sobre todo más eficaz que apelase a esos locos de Dios, que después de todo se han convertido en sus socios de gobierno desde hace unas semanas, para exigir y conseguir de ellos que depongan inmediatamente las armas?»
Deponer las armas, como pide BHL, ¿conducirá a la paz? Hace unos diez años, desde la muerte de Yasser Arafat, Mahmud Abbas negocia con Israel y mantiene con el ejército de ocupación una cooperación de seguridad que califica de «sagrada». Hamás no forma parte de las negociaciones y tampoco lo hará en el futuro ya que no es el Gobierno palestino el que negocia, sino la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). ¿Y cuál es el resultado de esas negociaciones? Más colonias, más colonos, más represión, un rechazo total a devolver los territorios ocupados en 1967.
En cuanto al «fascismo» de Hamás, recordemos que en el Gobierno israelí hay partidos que si fueran elegidos en cualquier país europeo serían denunciados por BHL y se negaría a recibirlos. ¿Un fascista israelí judío es más aceptable que un fascista holandés o austríaco?
«Los gazatíes merecen un destino mejor que el de escudos humanos. Los pueblos de la región, todos los pueblos, están cansados de la guerra y sus horrores: demos una oportunidad a la paz».
Sí, demos una oportunidad a la paz. Apliquemos las sanciones contra Israel para que por fin acepte las resoluciones de la ONU, renuncie a la colonización y evacue los territorios ocupados.
Nota
(1) Véase el dossier de Le Monde diplomatique, « L’imposture Bernard-Henri Lévy ».
http://blog.mondediplo.net/2014-07-21-Israel-les-juifs-et-Gaza  
en www.rebelion.org

Ministerio de Salud, Palestina Gaza PARA PUBLICACIÓN INMEDIATA

Para la prensa

El Ministerio de Salud de Gaza expresa su horror e indignación por atrás de los últimos momentos de la masacre israelí en una escuela de la UNRWA refugio de personas desplazadas en Beit Hanoun. Diez personas han muerto y hay un gran número de heridos.

Esto sigue muy detrás de la masacre de ayer en la gobernación de Khan Younis.
En la aldea agrícola de Khuza’a al menos 25 civiles muertos y se cree que 16 resultaron heridas. Dos terceras partes de los hogares han sido destruidos y el 60 por ciento de la población ha huido, mientras que el resto se les impide salir por los continuos ataques y disparos de francotiradores.
Tanques israelíes y las fuerzas especiales están actualmente rodeando los vehículos de emergencia y ambulancias que buscan recuperar a los muertos y heridos, y han aprovechado algunas de las víctimas gravemente heridas.
En los pueblos vecinos de Abasan y Bani Suheila 17 personas han muerto, y otros siete en Al Qarara, incluyendo farmacéutico Dr. Ibrahim al Halaq.
El personal médico tiene miedo de viajar a su trabajo, y el riesgo de muerte de los bombardeos israelíes.
En las últimas 24 horas, el Hospital Balsam en norte de Gaza fue atacado por segunda vez.
Tres hospitales ahora se han visto obligadas a evacuar sus pacientes después de los ataques israelíes, provocando el hacinamiento en otros hospitales, como el Hospital Nasser en Khan Younis, que está luchando para hacer frente.
La falta de medicamentos esenciales y suministros médicos, ya severamente reducida antes de la ofensiva israelí, han alcanzado niveles críticos.
El personal médico se han agotado, y hay una necesidad urgente de equipos médicos extranjeros incluidos intensivistas, neurocirujanos, anestesistas y para entrar en Gaza y ayudar.
El cierre del paso fronterizo de Rafah está impidiendo la ayuda humanitaria que tanto necesita la entrada, y los civiles que huyen de la zona de guerra se vayan.
Recordamos a la comunidad internacional y las autoridades de ocupación israelíes que:
1. Los ataques contra civiles está prohibido por el derecho internacional humanitario y constituyen crímenes de guerra;
2. Los hospitales están protegidos por los Convenios de Ginebra y el derecho internacional humanitario; destrucción de estos edificios y los ataques contra el personal médico son crímenes de guerra;
3. La prevención de la población civil abandone la zona de guerra es una violación del derecho internacional.
Damos la bienvenida a las palabras del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Navi Pillay, quien ayer dijo que el día que no había “… una gran posibilidad de que el derecho internacional humanitario se ha violado, de manera que podrían constituir crímenes de guerra “al describir el ataque israelí en Al Hospital Aqsa el lunes.
A la luz de esta nueva serie de abusos contra los derechos humanos por parte del ejército israelí en Beit Hanoun y Khan Younis , y los continuos ataques contra instalaciones y personal médicos en otras partes de Gaza, exigimos que las Naciones Unidas y la comunidad internacional :
  1. Tome inmediata y concreta medidas para poner fin rápidamente a la masacre de Gaza los civiles y los ataques contra instalaciones y personal médicos;
  2. Convencer a las autoridades de ocupación israelíes para cumplir con sus obligaciones en virtud internacional humanitario ley, y abrir las fronteras para permitir la asistencia médica y equipos para entrar;
  3. Sostenga la ocupación israelí para dar cuenta de sus crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad en Gaza.
Contactos:
Dr. Yousef AbuAlrish, Viceministro de Salud 972 597 918 339
Dr. Medhat Abbas, Director General del Ministerio de Salud 972 599 403 547
*Traducción automática del inglés al español